De enigmas y sueños I

Pepe Ortiga

Personaje e historia 

 

Cecilio Fernández Bustos

Pepe Ortiga es un hombre creativo. La creatividad le tiene atrapado y le tunde y desgarra con todo tipo de garfios y furias; le agarra y le sumerge en las cavernas donde amanecen los enigmas y los sueños. Es muy difícil, imposible resumir, incluso en muchas frases, lo que es mi amigo. Él es marinero, bombero, ceramista, escultor, viajero, fotógrafo, poeta. En definitiva, un humanista tocado por la sensibilidad y la pasión. Después de haberle visto dar sabor a tantas salsas, mi amigo Pepe, para dolor de los celosos, ayer se acostó fotógrafo y hoy amanece narrador. Que sí, que escribe relatos cortos; cuentos breves como el laureado Augusto Monterroso.

         –Pepe, escúchame  un secreto: Theodor Fantane, autor de una grandísima novela titulada, como tu cuento “La adúltera”, empezó a publicar novelas cumplidos los 60 años. ¿Qué te parece? Pues, eso, que nunca es tarde si la dicha es buena. 

         Escribir y leer. Escuchar y hablar. Decir y crear. Para escribir es necesario leer, leer mucho si es posible. Y leer, claro está, a los que escriben bien. Y como leer y escuchar pueden ser una misma cosa yo te invito a una lectura sobre la cual podremos conversar, tú y yo, con Rafael Sánchez Ferlosio, autor hace pocos años galardonado con el premio Cervantes, y que, posiblemente, sea unos de los mejores escritores en el idioma de los hermanos Machado. Sin duda habrás leído El Jarama, su libro más paradigmático. Pero, aunque hayas leído El Jarama, te aconsejo que intentes leer un cuento breve que incluye en Vendrán más tiempos malos y nos harán más ciegos. El cuento se titula  El reincidente  y trata de un viejo lobo desdentado; lobo de verdad, no marinero. Si lo has leído o llegas a leerlo ya me contarás: eso es escribir.

         La construcción del discurso literario requiere también y en primer grado que el escritor haya vivido. Que esté en posesión de eso que llamamos experiencia y que nos puede permitir estar abiertos al mundo. Tener una visión ecuménica; una racionalidad universalista y, al mismo tiempo, critica con esos aspectos enrevesados de lo local que tanto nos disturban; una visión cosmopolita que derriba fronteras y establece los límites más allá de cafés y mentideros. Y en ese núcleo de lo vivido es donde el autor atrapa y extrae sonidos duros o blandos e incluso cantos de sirenas; miradas transparentes y turbias; historias vividas y soñadas. Y así, con arduo trabajo, teje y desteje la magia de las palabras, “poniendo en una relación absolutamente nueva sonido y concepto, sonidos y palabras entre sí, uniendo frases de manera no común, comunica, al mismo tiempo que un significado dado, una emoción inusitada; hasta el punto de que la emoción surge incluso cuando el significado no está inmediatamente claro.” [1]                 

         –Pepe, no le des el valor que no tiene a lo que yo te diga. No soy crítico literario, pero (¿a quién no?) sí me hubiera gustado ser escritor. Por ello, he buceado, de forma reiterada, en numerosos textos que dicen como se debe escribir. ¡Qué fácil! Lo que tú y yo queremos: expresarnos con gracia, elegancia y precisión. ¡Nada más y nada menos! (Un libro que me parece excepcional para los que queremos escribir: Daniel Cassany.- La cocina de la escritura.- Editorial Anagrama / Barcelona, 1999) 

         He leído los textos que me has enviado y me han producido muy diversas emociones. En general me gusta lo que escribes. Hay frescura y algo aún más necesario para la literatura que, como en todas tus cosas, también aquí  está latente: me refiero a la poesía y al apasionamiento; actitudes siempre necesarias para la creación artística. Escribir es un oficio que podemos ir aprendiendo con más o menos lentitud; esto, en todo caso, depende de la dedicación. Comentando su aprendizaje, cuenta Antonio Muñoz Molina que “…Dedicaba páginas insufribles a subir escaleras, a tomar café o a encender cigarrillos. Voy aprendiendo poco a poco que tan valioso como añadir es tachar: y me gustaría que alguna vez me sucediera lo que dice Lampedusa de Stendhal, que logro resumir una noche de amor en un punto y coma.” [2]  

         Creo que he leído todo lo que me has enviado. Reitero que me han resultado interesantes todos tus cuentos y me parece que estas en el buen camino. Es normal que encuentres muchas dificultades. Escribir bien no es nada fácil. Y escribir ‘arte’ aún más difícil. Y no digamos: escribir sobre la obra de otro, ejercer de crítico implica siempre un cierto pavor. Y, aunque, como es mi caso, me sobre el entusiasmo por Pepe Ortiga, soy conscientes de mis propias limitaciones para juzgar la obra y el esfuerzo que otro ha puesto en un trabajo. En ningún caso me atrevería a negar una evidencia y, en esta ocasión, la evidencia es que también eres escritor. ¿Estás ungido? No sé si es esa la expresión adecuada. Tal vez, más acorde con la época debería decir: Pepe, una vez más has estado ‘sembrao’. Debes seguir escribiendo y, de cuando en cuando, manda algo a algún concurso. Y a mí también, quiero leer todo lo que escribas.


[1] Humberto Eco.- Obra abierta.- Planeta-Agostini / Barcelona, 1992

[2] Antonio Muñoz Molina.- Pura alegría.- Círculo de Lectores / Barcelona, 1999

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