De pintores y otros artistas

De pintores y otros artistas

 

Cecilio Fernández Bustos 

         Los recuerdos más entrañables de mi infancia están vinculados, como no podía ser menos, a los sentidos de la vista, del oído y del olfato. Recuerdo un olor de verano y un olor de invierno; un olor de primavera y un olor de otoño. Igualmente, hay un palpitar de luces que surgen de la memoria: la transparencia inabarcable de los días fríos y sin nubes; los verdes rutilantes con sabor a fruta de los veranos de Aranjuez; los cielos estrellados de julio y agosto con el indescifrable Camino de Santiago, como sutil y breve nevada, abriendo un espejismo de horizontes infinitos. El verano en Aranjuez huele a río y al boj del jardín de La Isla; el otoño al humo dulzón de las hojas muertas ardiendo lentamente; el invierno tenía un larguísimo olor a niebla helada y a crepitar de leña y pan recién horneado en las tahonas; la primavera, ay, la primavera olía a tierra mojada, a rosas y a fresas. Y, entre tanto buen olor, hay uno que se mece en mis sueños más frecuentes. Es un olor bueno y familiar, olor de padre en casa y madre leyendo interminables libros de aventuras: Julio Verne, Emilio Salgari, Roberto Luis Stevenson ¿Qué a que olía mi casa cuando niño?, en mi casa olía a aguarrás, a pintura de óleo, a cuadro recién pintado, porque mi padre era pintor.

          Con frecuencia suelo pensar en la belleza y, habitado por los recuerdos, hablo con arrobo de estas sombras que iluminan aquellos ritos tan lejanos. En especial siento una gran nostalgia de los silencios. Pese a más de veinte años viviendo en Madrid, no he podido olvidar el silencio nocturno del Aranjuez de mi infancia y adolescencia. Aquel silencio cuya presencia nos arrobaba cuando, ya entrada la noche en días de verano, un grupo de amigos nos sentábamos sobre las piedras que en los extremos armaban u ornamentaban al Puente de Barcas. Hoy, de nuevo habito en Aranjuez, la contaminación acústica, como signo y símbolo de estos tiempos, acosándonos sin compasión, nos fuerza a ser nostálgicos. De todas partes brotan, persistentes y agresivos, ruidos y más ruidos: motocicletas de escape libre, coches que aceleran o frenan, músicas estridentes que brotan de los locales de ocio hasta horas intempestivas, dando cobijo a clientes que se afanan, ocupando la vía pública, en hablar a gritos mientras consumen innúmeras raciones de alcohol. Y los cielos, estrellados ayer, se ocultan hoy tras el resplandor luminoso de la civilización y el desarrollo. No es posible contemplar la Osa Mayor mirando al norte, ni la constelación de Orión mirando al sur.

          Por qué volvemos el rostro como Lot huyendo. Qué razón o razones nos mueven a rememorar aquel fluir del tiempo que nos ha ido dando y quitando tantas cosas. Nos dio y quitó la infancia; nos quitó los cielos estrellados, la escarcha en las mañanas de invierno y los silencios nocturnos. También nos ha quitado el frío y el hambre de los malos tiempos. Nos dio la juventud y el amor, la libertad y con ésta la dignidad que nos faltaba. Nos ha quitado, y ahí duele, a los padres, algún que otro amigo y algo de vigor. Mas, nuevamente, nos da más amor al florecer los nietos. Además, hemos conocido otros cielos, otros aromas, otros amigos.

          Cierto, la vida me ha permitido conocer otros olores, otros cielos, otros sonidos. Pero no me expresaría con acierto si olvidara decir que aquellas primeras y germinales sensaciones han servido para mantenerme cerca, afortunadamente, de ese mundo sutil, uno y múltiple, de la creación artística. Está aquel tiempo en que estuve próximo a la literatura, conocí y traté a algunos creadores, poetas y novelistas. Otras veces he pasado entre los reflejos del mundo de la pintura. Ayer fui seducido por el diseño de muebles y algo se hizo. Más tarde anduve entretenido por el mundo de las artesanías y repiqué entre barros, esmaltes y hornos. Mas, pese a tanto trajinar, ha sido la crítica lo que más me ha seducido siempre y, en consecuencia, algún que otro intento he realizado.

Anuncios

4 comentarios

Archivado bajo De este caminar

4 Respuestas a “De pintores y otros artistas

  1. Cecilio, cuando hablas de tu infancia me parece oír tu voz más auténtica y emocionada. Me gustaría leer más sobre ella.

  2. MariCarmen

    Cacilio, el otro día en un paseo por la serranía de Cuenca, senti una nostalgia tremenda del Aranjuez de nuestra infancia.
    Recordé el manantial de la rotura cuando el tajo era un río, y el del puente de la Reina y los peces, y los cangrejos (aquellos pequeñitos, no los cabezones americanos) y los barbos que bien frititos, eran un manjar para acompañar las tertulias en las tabernas.
    Aquellas tertulias de hombres cansados despues de una jornada de sol a sol en el campo, y soñando con poder hablar un poco mas alto y sin tener que mirar por si alguien escuchaba.
    Entonces llevábamos soletas en los calcetines y dormíamos en sábanas con piezas; pero un paseo en una noche de verano de entonces, (se te olvidaron las magnolias) bien se podría cambiar por la tele y el coche.
    Claro que mientras la memoria no nos la juegue, siempre podremos cerrar los ojos y volver al pasado.

  3. Rafael

    No es que viviamos de recuerdos pero inevitablemente, cuando se tiene mucha edad, vienen a la memoria. Ese Tajo bravo, las riadas, su enorme caudal en primavera, la pesca… ¡Cuánto nos ha quitadoel transvase! Las caravanas de remolacha hacia la Azucarera, el paloduz y las castañeras en las esquina, los cines de verano y los municipales, que nos mandaban a casa nada más terminar la fución. ¡Cómo para hacer botellones!. Las estatuas del Puente de Barcas, la Oficina de Turismo en medio de la Plaza de Rusiñol y unos cuantos ribereños (entre ellos tu padre) que escribimos cartas a media España para conseguir dinero y levantarle la estatua a D. Santiago.
    Y cuantas cosas más…

    • cecibustos

      Alberto, Mari Carmen, Rafael: los tres habéis sentido, cada uno desde vuestra óptica, el poso de nostalgia que late en el texto ‘De pintores y otros artistas’. En vuestro caso, Mari Carmen y Rafael, hay un atisbo de coincidencia en lo vivido: puede que mi nostalgia, envuelta en las imágenes de los olores, se haya proyectado en la vuestra, no en vano vivimos un mismo paisaje en un mismo tiempo y ahí, en ese recodo del camino, nos hemos reconocido.
      Alberto, tú no has vivido ese tiempo que nosotros hemos compartido, pero no eres ajeno a él ya que habrás oído contar parecidas historias a tus padres. No obstante, tu mirada es otra o, al menos, desde otra posición. Pero es mirada y porque mira puede ver y percibir parte de la emoción que habita en la experiencia de aquellos que vimos desbordarse el río que nos lleva.
      Tal vez sea éste el oficio de la poesía: ofrecer los elementos para participar en una recreación de la emoción original. Gracias a los tres por leer mis escritos y, sobre todo, por comentarlos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s