Aula de Poesía VIII: Aurora Luque

Aurora Luque, la magia de una voz cercana[1]

 

Cecilio Fernández Bustos

 

         Esta tarde, accediendo a nuestra invitación, nos acompaña Aurora Luque. Ella es poeta, además de muchas otras cosas importantes en el ámbito de la cultura, entre las que cabe destacar su profesión: profesora de Griego Antiguo. Poeta andaluza o andaluza que crea poesía. Y digo lo de andaluza porque lo es y porque ella misma se define como andaluza oriental y, no lo olvidemos, también un poco griega. Andaluza oriental porque ha nacido en Almería, se ha criado en la Alpujarra granadina, ha estudiado en Granada —ciudad en la que recibió su primer premio de poesía y, como consecuencia la publicación de su primer poemario— y hoy vive en Málaga, la “Ciudad del paraíso” de Vicente Aleixandre: ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo, / angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

         Aurora Luque es escritora que abarca múltiples géneros: articulista de prensa periódica, ensayista en revistas literarias, traductora, narradora de cuentos, ha dictado conferencias y, además es una disciplinada investigadora. 

         Supe de Aurora Luque una tarde de otoño de 1995. Habían transcurrido trece, tal vez catorce años desde su primera aparición en público allá por 1982 con la publicación de Hiperiónida, libro por el que había obtenido el premio García Lorca en 1981. En 1990, con Problemas de doblaje, obtuvo un accésit al Premio Adonais y en 1991 publicó Fecha de caducidad (Col. Tediria / Málaga, 1991)  Problemas de doblaje le deparó un importante éxito. Ahí había una voz nueva y original que se abría paso en el proceloso mar de la creación poética. No obstante, mi encuentro con Aurora Luque una tarde de otoño de 1995 se consumó en la Librería Aranjuez cuando, ojeando unos libros de Visor que acababa de recibir nuestra querida librera, Esperanza Manzaneque, me encontré con Carpe noctem, libro que había sido galardonado con el X Premio Rey Juan Carlos de Poesía del Ayuntamiento de Marbella en 1992 y que Visor publicó en 1994. Una primera lectura y, entonces sí, ya andaba yo a vueltas con:

                            Playa regenerada

                            Algo más que una forma vívida y mineral

                            indecisa en los límites. Inventarás de nuevo

                            la palabra, la concha que derrame

                            su mar a bocanadas.

 

                                                              Conchas doradas, tibias,

                            blancas sobresaliendo de la arena:

                            todas las conchas son esa obsesión

                            incesante del mar o del poema

                            por saberse furtivo

                            junto a un pendiente largo de mujer

                            que adivine la danza

                            de mareas, los ecos, el aullido

                            infinito del fondo.

          Con Aurora Luque surge una poesía de voz próxima y reconocible que nombra cosas, circunstancias, personajes e incluso subraya y comenta el color de aquellas emociones que nos pueden ser comunes. Es, al mismo tiempo, culta y cercana: se empeña en  afilar el torso de aquello que es autentico por sí mismo, que no necesita de expresiones blasfemas para conciliar el gesto con la vida. Una poesía que se surte del mito para desmitificarlo y ofrecernos la luz clara y rotunda del amanece. Evita los aditamentos de la envarada pulcritud al uso de tenderos y publicitarios, sin tanto pulimento de hacendosos orfebres que, de tanto pulir las teselas del poema, acaban desgastándolas. El vino es vino y el pan es pan hoy como ayer y sólo el hambre es distinta, pues cambia el horizonte de lo apetecible.

          La poesía de Aurora Luque, fluye del diálogo de su sentir en el mundo de hoy y su profundo conocimiento y amor a la cultura mediterránea: plenitud cultural y plenitud vital se enlazan en la palabra poética. Es una construcción de la memoria en la memoria, del transcurrir en la intimidad, en la urdimbre tejida desde el ayer remoto hasta el maña impredecible; pero eso sí, desde la conjunción con el ser aquí y ahora.

                Es tanta la confusión que anida en los conceptos mal asimilados que podríamos llegar a negar la modernidad por su conexión con los ancestros, por su conexión con la memoria que sigue operando. Francisco Fortuny[2], en el prologo a la Antología temática —Aurora Luque Carpe verbum— refiriéndose a determinados poetas modernos dice: “su memoria es sólo memoria individual y, por lo tanto, su alcance es miserablemente corto: llegan como mucho hasta la infancia, hasta su propia infancia, con la que, con frecuencia, quedan fascinados porque en ella no pueden sino ver el origen de todo: el de su vida: porque los poetas moderno tienden a cantar su propia vida casi en exclusiva. Y se dejan en el tintero la vida de la humanidad (y la de la naturaleza y la del Cosmos), que es, me temo, mucho más interesante.”

          El poema, cómo no, nace de la experiencia de quien lo escribe. Pero lo que ocurrió ayer y lo que ocurre hoy forma parte de nuestra memoria y nos permite escenificar múltiples ritos. Así, en la poesía de Aurora nos encontramos con Eros, el cine, Grecia, el mar o la calle Altamirano de Madrid. Y es que, como dicen algunos filósofos y confirman poetas como Aurora Luque, “…el hombre vive en un mundo en el que cada hecho se carga de ecos y reminiscencias de cosas ocurridas antes, y cada suceso es un recordatorio de otros. Por esa razón, el hombre no vive, como los animales del campo, en un mundo formado simplemente de cosas físicas, sino en un mundo de signos y de símbolos.”[3]

          Queridos amigos Aurora Luque, de inmediato, se va a dejar oír. Nos hablara de su poesía y de su mundo, de su yo poético, de su trabajo. Andalucía para decirnos “…que la palabra poética es la más afilada de todas las herramientas verbales.”


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

Aurora Luque leyó sus poemas en el Aula de Poesía el 13 de febrero de 2007

[2] Aurora Luque. Carpe verbum (Antología temática).- Selección y prólogo de Francisco Fortuna.- Ayuntamiento de Málaga / Málaga, 2004

[3] John Dewey.- La reconstrucción de la filosofía.-

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