Aula de Poesía (V): Luis Antonio de Villena

LUIS ANTONIO DE VILLENA

 

Una voz única, inconfundible, reveladora[1] 

 

 

Cecilio Fernández Bustos 

 

         Señoras y señores…

 

         También nosotros podríamos hablar de Luis Antonio de Villena y de su obra como esencia de la poesía y decir que: “Para este fin se dio al hombre el más peligroso de los bienes: el lenguaje, para que de testimonio de lo que él es”. La poesía es arte y manifestación cultural. Cuando hablamos de un poeta hablamos de alguien que, como el músico, el pintor o el escultor, es un creador de obras de arte. ¿Qué cual es la obra de arte que crea el poeta? su obra, su creación, su manifestación artística es el poema. Pero el poeta, aunque también, no es sólo un hacedor de versos: es el creador de una voz. Una voz cuyo primer balbucir es el de nombrar, ponerles nombres a las cosas. El poeta es un creador cuya materia y esencia es el lenguaje y trata, en su quehacer, de nombrar las cosas desde la propia esencia del ser en el tiempo y en el espacio; y, de esta forma, nos ofrece una nueva capacidad para conocer y sentir.

 

         Presentar hoy a Luis Antonio de Villena constituye para mi una cima en el ámbito de mi apasionado ‘flirtear’ con la poesía; y, como no podía ser menos, un reto. Una cima porque he venido siguiendo al poeta que nos acompaña desde la publicación de su primer poemario —Sublime Solarium— hasta su más reciente —Los gatos príncipes— y, frecuentemente, sus lecturas han logrado conmoverme y emocionarme. Un reto porque, he de reconocerlo, no siempre he logrado estar a la altura de las propuestas del poeta. Y es que la obra poética de Luis Antonio de Villena ha transitado los caminos, laberínticos en ocasiones, de la poesía española del siglo XX (y aún sigue en la brecha) abriéndolos al encuentro a esa otra realidad absoluta y distinta que puede aproximarnos a un vivir más bello, más libre y más vital. De este modo, nos acompaña hoy un poeta que ha dado a la poesía una voz única, inconfundible, reveladora.

 

         Luis Antonio de Villena, nació en Madrid en 1951 —en el mes de octubre—. Publicó su primer poemario, ‘Sublime solarium’ (1971) cuando sólo tenía diecinueve años. Hoy, treinta y cinco años después de aquella primera publicación, se han ido sucediendo hasta trece, catorce — ¿o son quince?—  poemarios originales, acompañados de numerosas antologías o agrupación, en uno, de varios de sus libros. Antólogo impenitente, ha publicado (al menos ocho) y, en consecuencia, ha contribuido a promocionar a numerosos poetas que lo fueron ayer o son jóvenes hoy. Es autor, entre otras, de una de las antologías más significativas de la joven poesía española de los años ochenta: Postnovísimos (Visor, 1986). Ha publicado narrativa y ensayo. Ha sido traducido a diversas lenguas. Ha escrito artículos de crítica literaria y de opinión en diversos periódicos y revistas; y le hemos visto polemizar en la Televisión y escuchado en la radio.

 

         Si bien es la poesía su máxima esencia, Luis Antonio de Villena es un escritor total. Y sigue escribiendo y publicando —poesía, narrativa, ensayo, artículos, etc— Acaba de aparecer en las librerías un libro autobiográfico —“Mi colegio”, libro de memorias donde glosa con vibrante expresión lírica sus años de colegial— Se trata pues de un escritor polifacético y prolífico; autor para el que la literatura es parte fundamental de su vida que, a no dudarlo, gira en torno a este quehacer desde su compromiso con la vida y con los hombres.

 

         La obra de Luis Antonio de Villena ha concitado la atención de la crítica especializada y la admiración de poetas y lectores. Ha provocado el interés científico de profesores y estudiantes. Así, se han publicado múltiples artículos, se han realizado tesis doctorales (al menos cuatro) y le han otorgado numerosos e importantes premios. La crítica especializada le ha bautizado como heterodoxo, culturalista, intimista, sensual, vitalista. En todo caso no se trata de defectos,  sino, por el contrario, de la conformación de un todo organizado alrededor de su propia afirmación. Se trata de una construcción lúcida en la que cada poemario actúa como gran sinfonía, teselas de un espléndido mosaico que engloba la afirmación del ser, frente a toda hostilidad en un mundo injusto y ruin. Luis Antonio de Villena ha creado un corpus poético donde se integran lo mítico y simbólico con esa gran pasión que, para él, son la vida y la belleza. Ahí está el enorme esfuerzo por uncir la realidad al deseo.

        

         Entre los muchos premios recibidos por Luis Antonio de Villena, cabe destacar: el Premio Nacional de la Crítica de Poesía 1981 —“Huir del invierno”—; el Premio Internacional de Poesía de Melilla 1998 —“Celebración del libertino”— el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 —“Los gatos príncipes”—. También es Premio Azorín de novela 1995 —“El burdel de Lord Byron”— y Premio La Sonrisa Vertical 1999 —“El mal mundo”—. De otra parte, es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lille (Francia)

 

         Luis Antonio de Villena está presente en la vida de nuestra sociedad; comprometido con su palabra y su esfuerzo en la búsqueda de una sociedad libre y justa, donde la vida sea posible; él contribuye aportando su voz y su grito. Su búsqueda de la belleza no es, en ningún caso, una renuncia ni una huida. Por el contrario, se trata de una afirmación del ser en un ámbito inhóspito. La poesía es un arma cargada de futuro —como afirmara Gabriel Celaya—, pero también o además es un vuelo hacia la más intima alegría de estar vivo. Tal vez él me permita concluir esta presentación con una cita de Octavio Paz[2] que dice: “En el siglo XX la escisión se convirtió en una condición connatural: éramos realmente almas divididas en un mundo dividido. Sin embargo, algunos logramos transformar esa hendedura psíquica en independencia intelectual y moral. La escisión nos salvó de ser devorados por el fanatismo monomaníaco de muchos de nuestros contemporáneos.”

 

         Y ahora, con todos nosotros, Luis Antonio de Villena y su palabra.

 

[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

Luis Antonio de Villena leyó sus poemas en el Aula el 24 de octubre de 2006.

 

[2] Octavio Paz.- Itinerario.- Seix Barral / Barcelona, 1994


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