Aula de Poesía: Presentación de una Poeta (III)

 

ANA ROSSETTI [1] 

 

 

Cecilio Fernández Bustos

  

         Señoras y señores:

 

De nuevo nos reunimos para celebrar una sesión del Aula de Poesía José Luis Sampedro. Un otoño tranquilo pasea por nuestras calles y se engalanan de oros los árboles. Hay una luz crepuscular que funde el rojo y el azul en suaves malvas vespertinos Hoy podemos comprender mejor los sutiles espejismos que muestran los poemas de nuestra invitada de esta tarde.

 

         Yo no creo en el poder de las palabras antes de que éstas sean tocadas por la gracia de una voz que las organice y dote de armonía, las ayude a tener significados y a ponerle nombres a las cosas. Sí creo en la poesía como herramienta para sentir los efectos del vivir sobre la piel y el alma; y es ahí donde intervienen los poetas y también nosotros, los lectores, que nos encontramos con esa voz y como Sebastián nos sentimos traspasados por los venablos que nos lanza “…temblándole los pulsos el arquero divino,…”

 

         Para festejar el otoño bajo el cielo de antiguas costumbres y sabores a fiestas de recolección, de cultos sagrados y profanos  nos acompaña hoy la poeta, Ana Rossetti, que no ha renunciado a ponerles nombres a las cosas, a los afectos, a los sentimientos y a las vivencias que le ha ido deparando la vida en su transcurrir. Son cosas —deseos, placeres y, tal vez, dolores— que no todos sabemos nombrar y ella, la poeta, ha ejercido una elegante misión pedagógica nombrándolos para nosotros, sus lectores.

 

         Ana Rossetti nace en San Fernando. Gaditana, pues, tocada por el duende de Andalucía y como dice nuestro Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez, Pablo García Baena, “…entre el oleaje liberal de Cádiz y la calle de Malasaña, entre el mármol en éxtasis de la Santa Teresa de Bernini y la helada coquetería inexpresiva de Paulina Borghesse; del diván de nubes para un amor casi carnal y celeste de las otomanas y rasos neoclásicos en el frío deliquio de Canova. El amor místico y el amor profano, en su lucha de llamas y transverberaciones, en su búsqueda ansiosa, ¿no serán, a la postre, el mismo amor?”[2]

         Presentar a una poeta como Ana Rossetti exige del presentador un ejercicio de humildad para no incurrir en el tópico fácil y salir del paso con el consabido tributo al erotismo feminista que, sin más apreciación de hondura, puede sugerir la lectura muy superficial de sus primeros libros —Los devaneos de Erato, Indicios vehementes, Dióscuro, Yesterday— libros enlazados, por supuesto, por el mito, Eros, literatura y también la música (la música como expresión artística y como luz que ilumina la irradiación poética del poema)

         Ana Rossetti es una escritora que desborda los límites de la creación literaria y se establece en los más diversos ámbitos de la cultura. Desde la poesía a la opera su palabra se hace presencia en las letras españolas. Si bien la poesía es su tarjeta de presentación en esta ocasión, no es menos cierto que su pluma se atreve con todos los ámbitos de la creación literaria: narrativa —Premio ‘La Sonrisa Vertical de Novela Erótica— cuento infantil, ensayo, artículos y conferencias y, claro está, poesía. Se trata de una voz limpia, profunda y arrebatada que emerge, más allá de todo artificio creativo o, quizá, sobre éste, con espontánea sinceridad. Como dice Juan Cano Ballesta en la antología Poesía española reciente (1980-2000): “Ana Rossetti es una de las poetas más celebradas, que desde los primeros años ochenta logra reconocimiento y prestigio por un lenguaje poético único y una manera muy personal de expresar sus sentimientos en torno al amor, el placer sexual, el erotismo, la mujer, etc.”[3]

         No sé como lleva nuestra poeta la tensión entre poesía hecha por mujeres y poesía hecha por hombres. Es cierto que las voces femeninas han estado muy alejadas de las antologías poéticas (la celebra y clásica Poesía española contemporánea, de Gerardo Diego sólo incluía los nombres de dos mujeres entra los de 29 hombres, en los Nueve novísimos, sólo una)  Si bien la voz poética no es por definición masculina o femenina, no es menos cierto, como dice Teresa Gómez «’La poesía hecha por hombres no es muy distinta que la hecha por mujeres’,… ‘Lo que sí hay es una mirada diferente, por lo que a veces resulta lamentable que no se le presten oídos a la voz de la mujer, que ofrece una mirada enriquecedora’.»[4]

         No obstante, hay quienes han visto en la poesía de Ana Rossetti una oposición o enfrentamiento entre una visión femenina que pugna por afirmar sobre la libertad su propia singularidad y otra masculina anclada en la posición jerarquizada del varón sobre la mujer.

         La voz poética de Ana Rossetti es una celebración de la vida, un agradecer a la vida aquellas cosas buenas que, sólo en ocasiones, nos da. Cierto que su poesía es erótica, carnal, sensual, pero, sobre todo, es un canto que nos entroniza en la luz y en la belleza. En la luz porque no renuncia a un mirar filosófico y en la belleza porque se enraíza en el arte. Su técnica es brillante y maneja un versolibrismo dúctil y maleable a la música más sutil. No olvidemos que la música es ayuda, soporte básico en la poesía, pero son las palabras las que armonizadas en sus significados nos columpian en la más honda emoción.

 

         Los elementos (materiales) que Ana Rossetti utiliza en su laboratorio, donde elabora las misturas (poemas) de su magia para ofrecernos las múltiples opciones de realidad que ella puede inventar, están en su esencia de existir, en la memoria de su ser y su haber sido. Y también en su vasta cultura, pues, utiliza los mitos clásicos y los cristianos, así como los más profanos y próximos al tiempo que a ella y a nosotros nos ha tocado vivir —ídolos literarios, músicos y cantantes, ciudades y locales de culto; los encajes y los brillos—. Mas el poema no son los materiales, ni la anécdota que tratan de encubrir o simular, el poema es la fascinación que todos esos materiales, cada cual en su lugar, han ido provocando (menoría, recuerdos, experiencias pasadas y vivencias) y hoy se utilizan para cantar, no para narrar, esa emoción vivida en una sencilla y elemental anécdota.

 

         Paul M. Viejo, en la introducción a La Ordenación, libro editado en 2004 y que reúne toda la poesía (hasta esa fecha) de Ana Rossetti, dice lo siguiente: «Ana Rossetti no escribe de lo que no conoce, eso debe quedar claro. Si algo no ha sido visto, vivido o, al menos, intuido por ella, no surgirá en sus poemas. Este dato es importante porque ayudará al lector a entender por qué hacen su aparición unos temas y por qué no lo hacen nunca otros. Sin embargo, no se debe pensar con ello que la poesía de Rossetti se limita a mostrar el mundo del que ha formado parte, simplemente contar aquello de lo que ha sido testigo. Por una parte, sí, da cuenta de lo que sucede a su alrededor, pero por otra inicia, siempre, lo que podría calificar como una investigación doble lo sucedido, mostrando las causas y el procedimiento, o de lo que no ha sucedido y por qué. Tal vez para entenderlo ella misma[5]

 

         En 1995, Ana Rossetti, publica Punto umbrío, han pasado nueve años desde la publicación de Devocionario, a propósito de la publicación de este libro escribió Luis Antonio de Villena, “Con Punto umbrío reaparece la mejor Rossetti,… se deja ir al lenguaje, a sus flores, a sus penumbras, pero el lenguaje no la vence, esto es, siempre domina su sentido.”[6] Para dar testimonio da la hondura enigmática de este libro, me van a permitir la lectura de la III parte del prólogo:

 

III

 

Hubo un tiempo

en el que el tiempo no era fluir:

era una trenza de arena que se peinaba invariablemente.

Sus tres cabos se enlazaban, se apretaban entre sí diferenciados

e inseparables.

Nada se postergaba. Nada se anteponía:

era un tiempo predestinado por un singular decreto, una hélice

girando, confundiéndose en una rueda brillante e invisible.

No era una edad ni una condición, sino el tiempo sin tiempo de

la felicidad perfecta. Del acuerdo. De la inmóvil y sin medida

duración del arrebato.

Era un punto único y misterioso en donde convergía el tiempo

de la memoria, de la profecía y de los ángeles.

 

         Y ahora, para consumar la celebración de este encuentro, en otoño, con tan excepcional poeta, nada mejor que escuchar la palabra, la voz poética, los poemas de Ana Rossetti


[1] Una de mis muchas actividades vinculadas al mundo de la literatura y el arte ha sido, en los últimos tiempos, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

                Ana Rossetti estuvo con nosotros el 13 de noviembre de 2007. 

[2] Pablo García Baena.- Los libros, los poetas, las celebraciones, el olvido.- Huerga y Fierro / Madrid, 1995

[3] Juan Cano Ballesta.- Poesía española reciente (1980-2000).- Cátedra / Madrid, 2005

[4] J. Arias Un congreso de mujeres poetas reclama más difusión para sus obras.- “Granada” – 07/11/2002.-

[5] Paul M. Viejo.- Introducción (La Ordenación)

[6] Luis Antonio de Villena.- Inmóvil desconsuelo.- El Mundo, 10/06/1995

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