Aula de poesía: presentación de un poeta

 

FÉLIX GRANDE

 

Brillo y pasión de las palabras[1]

 

 

Señoras y señores…

 

En los últimos años, en Aranjuez, el Aula de Poesía ‘José Luis Sampedro’ ha sido un proyecto muy significado en la divulgación de la poesía que se escribe en España y en la lengua de Cervantes. Este proyecto ha funcionado, con un nivel excepcional, gracias al esfuerzo de su director, el poeta Juan Carlos Rodríguez Búrdalo. A lo largo de ocho años cuarenta y tres poetas han pasado por el Aula mostrándonos su obra y obsequiándonos con su voz.

 

Al tomar el relevo, no sin cierto pudor por la osadía de continuar una obra ya iniciada, mi voluntad es la de seguir impulsando un proyecto capaz de concitar el interés de los amantes de la poesía. Así, se pretende iniciar una nueva época con la convocatoria de nuevas actividades y, con especial significación, reanudar la presentación de aquellos poetas a los que aún no hemos tenido la oportunidad de ofrecerles nuestra hospitalidad. Queremos elaborar programas, plurales y abiertos, donde quepan las voces más cercanas en el tiempo y aquellas que han dado vitalidad y significación a la poesía del siglo XX. Nos gustaría incorporar algunas actividades que inauguren y actualicen entre nosotros nuevos caminos. Entre otras nos gustaría iniciar debates, mesas redondas, y la presentación de algunos poetas que, aunque cercanos en el tiempo, han fallecido y ya no están entre nosotros. Algunos de esos poetas podrían ser, cómo no, Ángel Crespo, José Ángel Valente, Eladio Cabañero, Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma.

 

También hemos querido, en esta nueva singladura del Aula de Poesía, rendir un pequeño homenaje a la memoria de Juan Ramón Jiménez en el cincuenta aniversario de la concesión del Premio Nóbel de Literatura. De ahí la rosa y el poema que, en forma de separa páginas, nos ha de acompañar en todas las convocatorias: ¡No le toques ya más, / que así es la rosa!

 

Gabriel García Márquez, en su discurso de recepción del Premio Nóbel de Literatura, tras hacer un recorrido por el amplio anecdotario de los sucesos más emblemáticos que, según su criterio, han contribuido a generar la identidad de América latina, base inequívoca de la creación literaria de aquellas tierras, concluyó su parlamento con una cita del poeta Luis Cardoza y Aragón que, de forma inapelable, afirma que la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre: la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. 

 

Junto a nosotros, hoy, en esta tarde de otoño, abriendo esta segunda época del Aula de Poesía José Luis Sampedro, está uno de los poetas que más impulso han dado a la palabra y su sonoridad, que más han bregado con la búsqueda de las esencias del hombre en su lucha por apaciguar el ser que sueña con el ser que vive y sufre y ama; de este modo, ha domeñado el grito y el decir de las palabras con lucidez y pasión. De la obra del poeta que nos acompaña dice otra poeta, Concha Zardoya[2]: “Esta poesía —desde el primer verso— nos taladra, nos agujerea, nos carcome, nos pincha, nos acaricia… Con palabras ásperas, restallantes, viscerales, humanas, fraternas, filiales, fúnebres, catárticas, tiernísimas…”  Estamos pues, ante una poesía que es vida de la vida y testimonio cabal de la existencia humana. De este modo, la Poesía de Félix Grande nos da prueba inequívoca de la existencia del hombre.

 

Blanca Portillo, actriz cercana y ajena a los exotismos en boga, en el País del día 1 de agosto pasado, decía que cada poema de Félix Grande tiene un color: “Cada uno de sus poemas se me aparece renovado y fresco con cada lectura. Cada uno de sus poemas tiene un color diferente cada vez que lo vuelvo a leer. Es como si estuviera vivo, y caminara, mutándose, al mismo ritmo de mis pasos por el tiempo. Alimenta mi entusiasmo y me ayuda a entrar en el silencio… No podría prescindir de él”[3]. Así, podríamos hablar del color en la poesía del poeta que nos acompaña y que inicia esta segunda época del Aula de Poesía José Luis Sampedro. Pero el color es una sutileza que entraña, además, temperatura y también sonido —la alta sonoridad del despertar a la vida, al amor, a la memoria— Y es que quizá sean estos los elementos más entrañados en la poesía de Félix Grande.

 

La palabra poética de Félix Grande, hecha de hondura y transparencia, no encubre sino que anuncia al hombre; le precede y habla de un tiempo y su sustancia. De él ha escrito Concha Zardoya: “Poesía de directa emoción humana, de impacto profundo y conmovedor. Poesía libérrima en su fluir, de hondo calado existencial, empapada de humanidad…” [4] Dada su enorme ‘extensión’ e intensidad, la obra de Félix Grande exige, para que nos deslicemos, aún sólo por la superficie del cartílago de esta labor, un esfuerzo previo de catalogación. Y es que Félix Grande ha escrito poesía, ha escrito crítica, ha escrito ensayo, ha escrito narrativa. Sin embargo, Félix Grande es poeta y del poeta que es va colgando —me sirvo de sus palabras— el entero esqueleto de su vida (“Como si el esqueleto entero fuera / colgando de tu frente”[5])

 

El trayecto de la obra poética de Félix Grande se ha deslizado por el tobogán del tiempo, dejándonos siete poemarios ahormados en la hondura de un decir genésico. Se inicia en 1964 con Las piedras —Premio Adonais 1963—, Música amenazada —Premio Guipúzcoa de poesía, 1965— (1966), Blanco Spirituals —Premio Nacional de Poesía— (1969), Taranto (1971) —escrito en 1961, pero publicado en 1971—, Puedo escribir los versos más tristes esta noche (1971), Las rubáiyátas de Horacio Martín (1978), y La noria que vio la luz en 1986 y que incluye un variado cortejo de poemas escritos entre 1958 y 1984. (escribió otro libro que nunca ha publicado que el poeta dedicó a su mujer, la también poeta Francisca Aguirre)

 

De forma incansable, auténtico juglar de nuestro tiempo va por trochas y caminos repartiendo el eco de su voz entre los hombres porque él y yo, igual que ustedes, sabemos que el hombre existe en la poesía. A Félix Grande le debemos un profundo agradecimiento por la hondura sublime de su obra y por su esfuerzo de vivir siendo hombre entre los hombres. Desde esa posición profunda de la entraña y su comprometida visión del ser que ama y sufre en el tiempo, nos muestra y ofrece la palabra y la música y la memoria que nos permite saber que:

 

Tal como van las cosas tal como va la herida

puede venir el fin desde cualquier lugar.

Pero caeré diciendo que era buena la vida

y que valía la pena vivir y reventar.

 

En ‘La rumia’ poema perteneciente a Taranto, libro de 1961, aunque publicado en 1971, Félix Grande ya nos anticipaba el que, a no dudarlo, es uno de los libros más bellos y sinceros que yo he leído a lo largo de mi vida. Nuestro poeta alza el vuelo sobre la vida que ha sido y su mirada se posa, temblando de emoción, sobre sus gentes, su tiempo y su historia y porque como afirma Guillermo Lledó, “ser es esencialmente, ser memoria.” Félix Grande nos ofrece la memoria de su ser en “La balada del abuelo Palancas” Por este libro ha recibido el Premio Nacional de las Letras en el año 2004.

 

Para mejor conocer la esencia poética de Félix Grande les invito a un doble ejercicio de participación: escucharle y hablar con él hoy, aquí, junto a nosotros; y después, más tarde, a la puesta del sol, leer sus libros.

 

 

 

 

 

[1] Una de mis muchas actividades, vinculadas al mundo de la literatura y el arte, ha sido, recientemente, la Dirección del Aula de Poesía José Luis Sampedro, en Aranjuez. En ese tiempo he organizado 20 sesiones de notable interés y excelente acogida. Empezamos el 10 de octubre de 2006 con Félix Grande y concluimos el 8 de abril de 2008 con la intervención de Luis García Montero. Especial significado tuvo para mí, en junio de 2007, la entrega del Premio Nacional de Poesía Villa de Aranjuez al poeta Pablo García Baena, fundador de la revista Cántico.

[2] Concha Zardoya.- La poesía de Félix Grande. Carta abierta (Antología poética).- Diputación de Ciudad real / Ciudad real, 1987

[3] Blanca Portillo.- Entrevista… (El País, 1/08/06)

[4] Concha Zardoya.- La poesía de Félix Grande.- Félix Grande: Carta abierta (Antología poética).- Diputación de Ciudad Real / Ciudad Real, 1987

[5] Félix Grande.- Música amenazada. El Bardo / Barcelona, 1966


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