Mis cuentos (1)

¡QUÉ RABIA!

 

Cecilio Fernández Bustos

 

     El verano declina y ya empiezan a caerse algunas hojas de los árboles cercanos. Ayer, segundo domingo de septiembre de 2003, estuve nadando en la piscina de la urbanización donde está mi casa. Se trataba, pues, de uno de los últimos baños que, a no dudarlo,  iba a darme este verano. Sumergida en el agua, nadaba y nadaba con grandes e interminables brazadas que me agotaban. Me había quedado sola en la piscina y se levantaba un ligero vientecillo que tendía leves velos de agua ante mis ojos. Me sentía muy débil y empezaba a tener dificultad para mantenerme a flote. Por un momento noté que me hundía y abandoné mis esfuerzos por mantener el ritmo de las brazadas. Lo último que percibí fue el lejano rumor de una música estridente.

 

   ¡Cristina!, ¡Cristina!

Era mamá que me zarandeaba

— Despierta, que hay que ir al colegio. Ya se han acabado las vacaciones.  

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