UN RELATO POÉTICO Y DESGARRADO

Mari Carmen Bustos y Doña Paca la Boticaria

 

 

Cecilio Fernández Bustos 

 

“En la vida todo es recuerdo, recuerdo no sólo individual, sino colectivo, recuerdo que se puede decir que es consciente o inconsciente, porque en él van no sólo los de nuestra existencia, sino los de la experiencia de nuestros antepasados”  Pío Baroja

 

 

         Y aún hoy, entre aficionados, podemos descubrir fascinantes gestos literarios. Mari Carmen Bustos en “Mis recuerdos de Doña Paca La Boticaria” nos obsequia con un relato de excelente factura. Nos obsequia y sorprende por lo original de la historia como visión de un microcosmos, donde el yo del narrador contempla y comparte con una mirada muy cercana, pero sin subjetivismo sentimental, la historia de un personaje forjado en la pasión y el heroísmo al estilo de los grandes personajes literarios.

 

         La historia gira en torno a Doña Paca, esposa de un boticario, que vive en Aranjuez en la primera mitad del siglo XX. Mujer apasionada y progresista que alienta entre las gentes de una Villa que no renuncia a ser Real Sitio y que, tras perder a los suyos y padecer las injusticias de la guerra civil, vive una brutal caída en la miseria sin perder su dignidad. Se trata pues de un intento desde la imaginación poética de recuperar la memoria de esta singular mujer de la que, posiblemente, sólo quede la memoria que de ella guarda Mari Carmen Bustos.

 

         La autora tiene una excepcional capacidad para captar la figura con unos simples rasgos, trazos de carboncillo; pero el acierto es máximo cuando nos presenta al personaje central en su última etapa —“siempre llevaba la misma ropa y un olor que la delataba”— Facilidad de la narradora para retratar a sus personajes; como Doña Paca es el centro de esta historia se entiende que el esfuerzo de la mirada haya sido mayor; el boticario, marido de Doña Paca, también, desde su simplicidad, está bien retratado y en el caso del hijo con sólo dos breves trazos consigue darnos la idea del personaje. Nos gusta igualmente la descripción que hace de la familia que acoge a Doña Paca después de la guerra.

 

         Y el tiempo ¿qué decir del tiempo?: monarquía, república, guerra civil, dictadura. Son unas pequeñas pinceladas, sirvientas del relato, que sitúan acertadamente al personaje y sirven a este fin como en los leves ecos de la boda real; pero, leído lo leído, nos gustaría una tentativa más o segunda fase de nuestra boticaria.

 

         Yo creo que la autora hace un excesivo alarde de economía de lenguaje y con ello nos priva de un gozo mayor. Vislumbro que la historia podría dar mucho más juego: tal vez un cuento largo o, por qué no, una novela corta. Si Mari Carmen medita sobre ello, no dudo encontrará tiempo para seguir narrándonos la historia de un personaje tan singular y sumergido en un tiempo tan confuso.

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