Paisaje

Mediterráneo al fondo.

Desde la cripta donde sueño los sueños

contemplo la ardiente vibración

que pende, jubilo de la voz, de un eco de sirena.

La altiva melodía de su boca,

rapsodia vegetal,

muerde una fruta dulce en el envés del tiempo.

Un cálido rumor

-día feliz y vegetal-

se ciñe con ternura

al terciopelo antiguo de las rosas.

Camino de los sueños,

limoneros en flor,

dejan el flujo nacarado

de un místico perfume

en la respiración anfibia de las manos.

Como valvas sagradas

cobijando el apretado polen de una perla,

las íntimas fantasías de las fervientes sedas

en los dorados tactos del deseo.

El mágico suicidio de los ojos

se riza en la mirada que contempla

los hechizados lamentos del cárdeno

desgarro del velo de los cielos.

Allí, un tenue fuego

de vientos y contactos

se bebe los milagros del crepúsculo:

llora la luz

en los extintos bosques de los sueños.

 

Herida húmeda, rapsodia mineral

donde se oficia el sacrificio del paisaje

en el altar urgente de otros dioses.

 

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