Blanca Prieto. Pintora de sueños y de ensueños

Puede decirse que la múltiple, lúcida y variada obra de Blanca Prieto es la perfumada huella de su humana presencia. Sí, una huella cálida, tierna y poderosa al mismo tiempo, que ha puesto su tienda entre nosotros. Huella que nos alcanza, nos envuelve y penetra hasta hacer fondo allí, en el recodo del camino donde al olmo viejo de Machado, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.

            Podemos decir que en el umbral del tiempo amanece la transparente claridad de una alegría. Es Blanca Prieto que pinta el bosque de Aranjuez o los trigos marzales de las tierras paniegas; las iglesias románicas o la cárdena pulpa de una fruta; que recorre con su dedo o pincel -varita mágica de hada buena- la apenas perceptible línea que sujeta el mundo  de la forma al mundo de la idea; que mezcla los colores igual que si fueran emociones para bruñir la tersa superficie de los sueños. De otra parte, nuestra pintora nos sorprende creando imágenes festivas, emociones táctiles, revelaciones mágicas, símbolos del gozo que recorre la espina dorsal del espíritu.

            Blanca Prieto nos lleva de los ojos, hechizados que vamos, por los laberintos de la ensoñación de sus imágenes. Y es que puede sentirse la levedad y el peso de la poesía y del amor humano que habita su pintura. Profusión de pequeñas turbaciones y el misterio asomando en un mundo cotidiano de preguntas sin respuestas. Barrocas callejuelas transitadas en la antigüedad de las memorias.

            Difícilmente podremos evitar la emoción que nos provoca la contemplación de esta pintura. No negaré que, en mi caso,  hace tiempo soy receptivo a sus silencios luminosos y que me acerco a contemplar estos cuadros como a un remanso de sosiego que libera mi corazón de los anhelos del tiempo. Y es que Blanca nos sumerge en el espejismo de los singulares velos transparentes que urde con maestría sobre el cuadro. Es así, que estamos ante una obra plena de belleza y de hermosa factura, donde alienta la razón técnica de la sabiduría y del oficio junto a la pasión poética de una creadora que oficia de mediadora, acercándonos al sueño creador.

            Nos gusta, Blanca Prieto, pasear por los incendios de tu mundo no nombrado y cierto, tan cercano y presente, tan de ayer y del sueño. Nos gusta, inventora de imágenes, arrobarnos en la turbación de tus descubrimientos. Porque es así como empezamos a soñar un mismo sueño; descubriendo en tus cuadros la brisa fresca, la revelación. Tu visión de pintora que al coincidir con la nuestra, visión profana, rompe la oscuridad y enciende en nosotros la luz, y nos ayuda a sentir, a conocer tanta belleza.

 

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