Max Aub poeta en Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

La literatura, entre otras cosas, es la posibilidad de un dialogo maravilloso no sólo entre las generaciones, sino también entre los vivos y los muertos y entre los saberes y las artes, una alianza y una legión extranjera de desconocidos, como la llamó la novelista argentina Vlady Kociancick.

Antonio Muñoz Molina

 

En octubre de 1969 tuve la oportunidad de conocer personalmente a Max Aub. El escritor volvía a España después de 30 años de exilio. Aquel día de octubre pasó a conocer CULTART, la librería de moda en Madrid, acompañado por amigos de Cuadernos para el Dialogo (acababan de  publicar su obra de teatro NO). A la sazón yo dirigía aquella célebre librería donde recibimos la visita del autor de El laberinto mágico. Desde ese día guardo entre mis libros la joya de un bello autógrafo de Max Aub que me dedico el novelista en una edición singular de su libro Josep Torres Campalans.

Autógrafo de Max Aub (Octubre, 1969)

Max Aub nació en París el 2 de junio de 1903. Su padre alemán y su madre francesa se trasladan a España huyendo de la guerra en 1914 y se instalan en Valencia. Realiza trabajos de representante relacionados con los negocios de su padre y viaja por toda España. Cuando se ve obligado a elegir una nacionalidad se decide, sin dudarlo, por la española. Viaja por diversos países de Europa y empieza a escribir en español. Exiliado en 1939 a causa de la guerra civil, vive en París y es deportado a Djelfa, en Argelia, en 1942. A fines de ese mismo año y tras escaparse con la ayuda de seguidores del General De Gaulle, llega a México donde se instala y reside hasta su muerte el 2 de julio de 1972.

Max Aub se inicia en el mundo de las letras como poeta y poesía es lo que publica por primera vez en 1923 —solo tenía veinte años— en la revista España que dirige Luis Araquistain. Publica un ramillete de poemas agrupados bajo el título de Momentos, que formaran parte del poemario Los poemas cotidianos publicado en 1925 en la imprenta Omega de Barcelona con prologo de Enrique Díez-Canedo. En 1923 leyó sus poemas en el Ateneo Madrileño. A partir de estos años participa activamente en la vida cultural y literaria española (por edad pertenece a la generación del 27) frecuentando con asiduidad los ámbitos culturales de Madrid y de Valencia donde reside.

“]

Discurso de Max Aub [Triunfo / num. 507-Extra / Año XXVII / 17-06-1972

Max Aub dedico su vida a desamordazar las palabras para que contaran cosas inteligentes. Llevó su singularidad como escritor hasta inventarse como autor y como académico. De estas andanzas cabe destacar que, en 1956, inventó su propio acceso a la Real Academia de la Lengua,  para lo que escribe e imprime su discurso de ingreso con el título El teatro español sacado a la luz de las tinieblas de nuestro tiempo[1]. No obstante, como escribió Pasqual Mas i Usó, el “Discurso hay que leerlo más allá del recurso retórico en que se sustentan, por ejemplo, un volumen apócrifo de la Enciclopedia Británica imaginado por Jorge Luis Borges y dedicado al mundo de Tlön, el inexistente libro de Aristóteles dedicado a la comedia que causa la destrucción en El nombre de la rosa de Umberto Eco, o El llibre de les mosques de Emili Teixidor”. El discurso ignora la existencia de la guerra civil y ello le permite citar como vivos, entre otros a García Lorca, y asignarles obras que nunca escribieron.  Antonio Muñoz Molina dedicó su discurso de recepción en la RAE a la figura y a la obra de Max Aub bajo el título Destierro y destiempo de Max Aub; discurso que comenzaba con estas palabras “… mi primera intervención en esta Academia va a versar sobre el autor de un discurso académico imaginario,…” En la novela Jusep Torres Campalans, Max Aub, narra la biografía de un personaje, pintor encarnado en amigo de Pablo Picasso, tan real que el libro viene acompañado de una amplia serie de dibujos y pinturas salidos del taller de Jusep Torres (Max Aub fue buen dibujante y pintor). Y así, también, se inventa a los autores ‘consagrados’ de su propia poesía en el alarde de inventarse a sí mismo como poeta en Antología Traducida[2].

 

Bodegón, 1910 / Jusep Torres Campalans

Max Aub viene a este ‘blog’ en calidad de autor de un breve poema referido a nuestra ciudad: ¡Ay, Aranjuez, Aranjuez! En 1941 Max Aub fue denunciado a la Gestapo  y detenido en París —era socialista y judío— Recorrió campos de concentración y de esta etapa de la vida del escritor data el poemario  Diario de Djelfa, en el que el autor incluye el poema que evoca Aranjuez. “La construcción de este libro[3] de poemas Diario de Djelfa[4], comienza con un poema escrito en el campo de concentración de Vernet[5] en Marsella: Este y los tres poemas que siguen han sido escritos en Vernet, los siguientes están fechados en Djelfa, campo de concentración de donde escapó gracias a la ayuda de un policía francés, partidario del general De Gaulle[6].”

Ante la dureza de la vida en Djelfa Max Aub rememora alguna estancia en Aranjuez: recuerda el río y los altos árboles. Un día de paseo, una visita de enamorado. Tal vez anduvo por aquí junto a Jorge Guillen y Paul Valéry. He ahí un reto para alguien que quiera investigar. Lo cierto es que el autor estuvo en esta ciudad y en sus jardines y la emoción se perpetuo en su memoria. Tal vez evocaba a Teresa —con la que paseo a la orilla del Tajo o, tal vez, del Sena— y se acordaba del Tajo y de los árboles. Tal vez el recuerdo del Tajo y la sombra de los árboles le recordaron a Teresa.

 

¡Ay, Aranjuez, Aranjuez!

 
¡Ay, Aranjuez, Aranjuez!
Tajo verde, verde Tajo.
¡Balaustradas, galerías,
viales al cielo, dorados!
Ni palacios, ni artesones:
¡los árboles y su espacio!
Los cicerones, las fechas,
las pinturas, los estrados,
Don Carlos, Sánchez Cantón,[7]
se los daremos al gato.
(Aparte de que no sabes,
si era Carlos o Fernando.)
¡Los árboles, mi Teresa,[8]
los árboles y mi Tajo!
Cuando ya no me saludes
—quizá esté desenterrado—
tú jugaras con mis árboles
y yo con el verde Tajo.

[1] Max Aub.- El teatro español tocado de la luz de las tinieblas de nuestro tiempo. Triunfo / nº 507,

[2] Max Aub. Antología Traducida. Segorbe, Fundación Max Aub, 1998

[3] Max Aub escribió otro libros de poemas, entre ellos Poemas cotidianos (1924), Canciones de la esposa ausente ( ) y Lira perpetua ( )

[4] Max Aub. Diario de Djelfa (Edición y presentación de Xelo Candel Vila), Valencia, Edicions de la Guerra y Café Malvarrosa, 1998, 140 p.

[5] Después de ser capturado en París, Max Aub, recorrió varias cárceles y campos de concentración. En su diario anota la siguiente conversación, para poner de relieve el desplaciente que tuvo en su exilio: “-¿Dónde vas ?/-Al Vernet. / – ¿De dónde vienes? / -De Argeles.” Max Aub. Diarios 1939-1972, Barcelona, Alba Editorial, 1998, p 65. Justamente él pasó por estas cárceles antes de fugarse y exiliarse en México.

[6] “Me medio escapé de este último, porque no se puede llamar escapar teniendo la complicidad de uno de los

guardianes principales”. Rafael Prats Rivelles. Max Aub, Madrid, Espasa, 1978, p51

[7] Los expertos que han analizado este poema piensan que el autor se refiere a Francisco Javier Sánchez Cantón, historiador, catedrático de la Universidad de Madrid.

[8] Se comentan que se trata de Teresa Andrés, bibliotecaria con la que Max Aub mantuvo una amistad amorosa en París.

About these ads

Deja un comentario

Archivado bajo Aranjuez existe porque existe el mundo

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s