Cecilio Fernández Bustos
Ramillete 9
110) En ocasiones, también yo, he desandado, tiempo atrás, capítulos ya vividos. ¿Nostalgia o, tal vez, simple afirmación? Puede que la vida sea algo más que un aquí y ahora.
111) Yo soy sólo memoria: fruto de una inmensa soledad que disimula el rostro. Soy asiduo al rubor de la locura.
112) Y otra vez, una más entre tantas, iniciaré el camino hacia la soledad.
113) Afecto más afecto igual a confusión.
114) La belleza está ahí, al otro lado de la calle y los límites que la separan del hombre se miden con dos parámetros. Por un lado el oro o los billetes de banco la acercan a los poderosos, siempre minorías. Por otro, la percepción sensible y el dolor de la mayoría ayudan a su popularidad. Aún hay libros en las bibliotecas y música en la radio y cuadros en los museos.
115) Hay que evitar las huidas rápidas y urgentes. La vida requiere tacto y paladar. Así, cuando te piques en las manos o abrases la garganta, cambia de piel y de bebida, pero no huyas.
116) Duelen las cicatrices del eco efímero de otros tiempos. Esas señales, minúsculas a veces, del tiempo ya lejano.
117) Aún veo, a través de los cristales de la infancia, las colas fugaces de los vencejos como flechas atravesando los cielos del verano. De aquellos tiempos también recuerdo las colas del racionamiento.
118) Ya la vida blanquea en mi y huelo en los hombres y en las cosas sus verdades.
119) No obstante, siempre es un placer seguir intentando la vida.
120) El egoísmo, tal vez el orgullo o lo falta de honestidad hacen que algunos hombres lleguen a creer que el mundo gira alrededor de ellos. Y, claro está, ni tú ni yo compartimos su opinión.
121) No todos los hombres somos capaces de mantener firme el timón de nuestras vidas cuando arrecia la tormenta. Claro que la firmeza excesiva oculta a veces un integrismo intolerante.
122) El amor, la ciencia, la política, la moral, el arte: he ahí cinco ocupaciones importantes. ¿Y tú, a qué te dedicas?
123) Las muchas andaduras de un hombre sobre la tierra conforman una doble opción: de una parte lo que el hombre aporta en el abonar de esa tierra para que pueda florecer, de otra lo que esa tierra le devuelve al hombre en forma de reconocimiento. De esta dualidad, exenta de nostalgias y populismos, surge un aporte fundamental de convivencia y civilización. Y así el paisaje, la geografía y lo esencialmente humano, la cultura, van labrando y puliendo una pequeña identidad que nos ayuda a reconocernos como parte de algo que puede sustituir a aquello que no se puede vivir. De esta forma nuestra afirmación más rotunda podría ser: sí al gozo y al dolor de vivir, sí a la amistad, sí a la acción, pero un no rotundo al olvido.
124) Cuantas veces al dirigir nuestra mirada al horizonte nos sorprende una puesta de sol distinta y plácida o sobrecogedora. Los múltiples elementos que dan lugar a su existencia, el sol, las nubes, la humedad, la temperatura, el vuelo de los pájaros y los aviones, las partículas en suspensión, etc., son capaces de crear ese espectáculo que mimetiza en emoción nuestra rutina. También la vida de los hombres se proyecta en la vida de sociedad produciendo un marcado y elemental conjunto de sensaciones colectivas. Cuando alguien se esfuerza por recuperar la memoria y fijarla en un texto, es decir en un conjunto de signos escritos, está contribuyendo a fijar el testimonio de nuestra existencia y, consecuentemente, está facilitando la permanencia en el tiempo del alba de nuestra historia. Y ese proyectar sígnicamente el acontecer de nuestra sociedad, nos ayuda a saborear el placer de sabernos parte de un tinglado que no sólo han montado los poderosos, sino que hemos ido construyendo, página a página, entre todos.
125) También los sueños se reiteran y me confunden. Sueño hoy un sueño ya soñado en otros tiempos. El que más me acompaña y confunde es uno, muy frecuente, en el que busco la correspondencia que se ha ido acumulando en los buzones de las múltiples residencias que he tenido a lo largo de mi vida.