Acuarelas de José Marañón Quiñones

Cecilio Fernández Bustos

 

He vivido días radiantes
gracias  a ti. Entre mis dedos se escurrían
cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.

José Hierro

 

…cuando ella llegue con sus ojos de lluvia sobre el río.

Oscar Milosz

 

 

SE ABRIERON LAS MIRADAS Y EL AGUA

DERRAMÓ SU FANTASÍA

José Marañón Quiñones, ¡he aquí al poeta del agua y los pinceles! De nada sirve que viéramos romperse el agua en mil fragmentos en aquellos primeros baños adolescentes en La Rotura[1]. Es ahora, cuando decae la tarde del otoño y nos enfrentamos a la contemplación de la obra que expone en Aranjuez este pintor[2]. Siembra sin voz la voz líquida del lirismo más comprometido en estos tiempos de angustia y de dolor, tiene la mirada clara del emocionado recuerdo y la contemplación del que adora la vida de los hombres, la tierra y las estrellas. Mirada que vislumbra la orilla y oculta, ¡pura ternura!, la rabia que muerde en estos tiempos, como aquellos del trueno y los profetas. Bajo la tela líquida del día emerge el pezón de las tormentas y el rico y el ladrón ponen su marca, ¡orines y excrementos!, sobre las placidas tardes del silencio y las razones íntimas del agua.

El agua que nos queda

El agua que nos queda

Pero vienes tú, querido mago, pulsando esa visión que alienta en pulso y los ojos descubren el pálpito emotivo del encuentro de luz y fantasía. Y buscas las luces del pigmento y el trueno sensible de la forma que se mece en reflejos. Ahora el contemplar se agita en alma y al vincular el tiempo con el tiempo lavas la piel de las promesas y haces brotar el asombro de abril o de agosto, tal vez de octubre en la retina del cielo que se mira en el agua tranquila y represada. Tu pintura, pestaña de niña o muselina que cubre el pubis de una virgen, se compone o descompone en acordes de música o palabras como tiempo vivido «—ay— ¡tanto y tanto¡ / cuando ella llegue con sus ojos de lluvia sobre el río».[3]

Los artistas, amigo mío, vais dejando la huella que nos permite dimitir de la memoria. Las del hombre primitivo y las del hombre de hoy. Y además, en el tiempo de hoy, habilidad y técnica se unen para crear ese espejismo de la forma emergiendo en la idea, anteponiéndose a aquello que hemos suspendido en la conciencia. Lo vemos, ¡sí!, lo vemos y lo sentimos como ese pinchar las emociones que tú, poeta de la forma, nos avivas cuando pulsas la citara que rasga y lava la piel de los veranos y al igual que el poeta de la palabra nos ofreces esta colección de jazmines invertidos que contienen tus pulsos y los míos como una «…campana de agua, un rubí líquido / disuelto en sombras, una aguja de aire / y gas dormido…»[4]

El agua que nos queda

El agua que nos queda

[1] Pequeña laguna del Tajo aguas abajo de Aranjuez, cerca del Rancho del Americano, donde los domingueros de Madrid llegaban en tren desde Atocha. Algunos arancetanos nos bañábamos todos los días del verano en aquellas aguas cristalinas. Hubo un tiempo en que estas aguas eran frecuentadas por el cangrejo de río ibérico y por la nutria.

[2] EL AGUA QUE NOS QUEDA. Acuarelas de José Marañón Quiñones. Del 17 de Octubre al 14 de Noviembre de 2014

ACR Indra Aranjuez. C/ Capitán, nº 152-154. De lunes a viernes de 18 a 20 h

 [3] Oscar Milosz.- Cuando ella llegue. De Sinfonía de noviembre y otros poemas. Editorial Azul / Barcelona, 2011

[4] Pere Gimferrer. Band of angels. De Arde el mar.

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Nunca me cansaré del Otoño en Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos

 

 

El bosque de la isla de Aranjuez es el más bello de los jardines de Europa por la inverosímil altura de sus árboles y la fuerza natural de su desarrollo, que escapó a la castradora tiranía de la poda. Pudo más. la espontaneidad de los ejemplares, nutridos de las aguas del Tajo, que el empeño geométrico de los diseñadores renacentistas, barrocos o, finalmente, cartesianos.

José María de Areilza

 

 

Ya estamos en octubre. Por fin ha llovido, toda la península ha soportado la caída de muy importante cantidades de agua, más que llover ha diluviado y los lugareños se han visto forzados a soportar grandes incomodidades e importante destrozos en casas y sembradíos. Por aquí, sin embargo, aunque nos asustamos un poco en un momento de diluvio insinuado, no pasó nada. Nublados sí, muchos y frecuentes. Tolvaneras también y algunas caídas de pequeñas ramas y algún árbol abatido por los hombres. Cuando hace viento debemos ser prudentes, pueden desgarrarse algunas ramas y caer con estrepitoso peligro sobre lo que haya debajo. Aquí no sirven de nada los expertos en psicología de los árboles, si no está bien arraigada y sopla fuerte el viento, la rama se cae y aunque sea muy pequeña puede provocar un accidente, ¡cuidado! La sorpresa seguimos esperándola, el polvo de nuevo es abundante y no es cosa buena para los pulmones cansados. El campo, los jardines y las calles empiezan vestirse de amarillos, oros, cobres  y rojos intensos; la puesta de sol ha sido espectacular esta tarde y para no olvidarla he dejado como recuerdo alguna huella en la cámara fotográfica, así que os pondré en esta entrada alguna evocación de lo visto y gozado esta tarde de otoño en Aranjuez.

Desde mi ventana: Puesta de sol en otoño  (fotografía CFB)

Desde mi ventana: Puesta de sol en otoño (fotografía CFB)

         Los aficionados a las setas ya andan buscándolas en los rodales de su competencia. Muchos son los aficionados que recorren los caminos que anduvieron sus padres en busca de la exquisita seta de cardo y sus hijos caminan tras ellos para no perder el rastro. Puede que lo llovido estos días pasado y el olor transparente que han dejado las gotas de agua del otoño hayan dejado una buena cosecha de esos apetecibles hongos. A la mayoría de los frutales ya no les pesan las ramas y a las vides no les quedan racimos, pues están en el lagar y son muchos los mostos que inician la ebullición de la fermentación. Muy pronto serán vino y quitaran el polvo de la garganta del sediento.

         Mañana, si no llueve, subiré al cerro «Períco» para ver cómo van evolucionando las pinceladas del tiempo en los árboles de los jardines y de los sotos históricos. También aquellos campos lejanos que se ven tras los árboles, tienen un desgarro afrutado de tierra y yerbas secas. Es el tiempo de la sementera y en otros tiempos no eran tractores como hoy, eran yunta de mulas o de bueyes uncidos al yugo quienes arrastraban las cuchillas del arado e iban abriendo las yagas o surcos paralelos e infinitos, como excrecencias de la carne parda y rojiza de la tierra, donde germinará el pan que comeremos mañana, tras el sueño del invierno.

         Ya los árboles van quitándose levemente sus preciosas galas, las dejaran sobre la tierra como una donación de gratitud y fecundidad. Tiempo de entusiasmo y melancolía, convenio entre el sentir y el pensar en tanto se espera una nueva resurrección del hombre frente al hombre, cobijado bajo el asombra de la naturaleza.

Transparencia. Jardín de la Isla. Aranjuez (fotografía CFB)

Transparencia. Jardín de la Isla. Aranjuez (fotografía CFB)

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En el bosque 5

Cecilio Fernández Bustos

 

 

En todo caso, resultaba inevitable encontrar siempre, destacando en lo alto de la discusión, algún birrete con una borla plateada, tratando de dilucidar de qué lado de la nariz caería la decisión final de cada una de las universidades.
Laurence Sterne

 

 

Alborada 5

66)    ¿No son los pájaros mejor nutridos los que arrojan del nido a los hermanos más flacos?. En política, en la vida empresarial, en el amor también se práctica este juego: se acapara más poder mandando al adversario a por tabaco y cuando este, más ingenuo, vuelve de hacer el servicio ya ocuparon su puesto. Es el clásico «quítate tú que me pongo yo». Esto nos lleva a aquella situación en la que yo puedo tener diez sueldos y tú ninguno y a aquel otro, yo tengo diez besos y tú ninguno.

67)    Y después de permitirlo de nada servirán los llantos. Esto sucede en muchas cosas, pero especialmente en política: ¡no se puede renunciar a los derechos!, costó tiempo y sangre conseguirlos.

68)    La tristeza es universal, pero es plato que se cocina en privado.

69)    Estamos perdiendo todo lo conseguido en casi cuarenta años. Después de no hacer nada por evitarlo nos refugiaremos en el llanto.

70)    26 de agosto: Dice Julio que Cortázar está escribiendo una carta para Julio Cortázar que celebra el centenario de su nacimiento.

71)    Sí, es verdad, tenía razón aquel que decía «los hombres, obreros o clase media, no le importan al capitalismo». Solo están ahí, piensan y proclaman ellos, para ser expoliados y explotados, como siempre —¿Qué se habían creído esos siervos?—.

72)    ¿La felicidad?: un rato debajo de un macasar una mañana de invierno en Aranjuez.

73)    El lenguaje es una de las formas que adopta el poder.

74)    ¡Qué importante llegar a alcanzar el centro!

75)    Y si lo consigues, ¿qué harás con ello?

76)    Pero, dímelo tú, ¿por qué enciendes los ojos?

77)    Ayer perdí una palabra, hoy la busco.

78)    ¡El deseo!, ese gran maestro para nuestra formación.[1]

79)    El más injusto es el que se presenta en público como honesto y justo. Sí, aquellos que no tienen pudor en acusar a los demás para guardar lo robado en el pajar de los paraísos fiscales.[2]

80)    Habrá que hacer algo para evitar que los niños bajen a las lóbregas mazmorras del “auxilio social”. ¡Qué nunca la pobreza sea sometida a la indignidad!

81)    Si no dialogas contigo mismo, ¿cómo te apañaras para dialogar con los demás?

82)    ¿La felicidad? el olor a espliego y a boj en la Serranía de Cuenca.

[1] Jonhn Irving.- «Nos forma aquello que deseamos».- Personas como yo.- Círculo de Lectores / Barcelona,2013

[2] Platón. «el extremo de la injusticia es parecer justo, no siéndolo».

Ya estamos en otoño (fotografía CFB)

Ya estamos en otoño (fotografía CFB)

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Las Cerámicas de José Luis Caballero y el arte del siglo XX

Cecilio Fernández Bustos

 

Esta noche la luna sueña con más indolencia;
como una mujer hermosa que, sobre abundantes cojines,
con mano distraída y ligera acaricia
antes de adormecerse el contorno de sus pechos.
Charle Baudelaire

 

Técnicamente se puede hablar de cerámica, de barro cocido, de arcilla roja, de barro refractario, de esmaltes, así como de técnicas mixtas. El artista no ha pretendido hacer una obra purista a través de las técnicas cerámicas. Es una obra eclética en la cual, aunque todo vale, no todo es válido, solo lo será si el resultado es satisfactorio, y en esta ocasión obedecen a un propósito claro, justificado.
Enrique Serrano
 

 

Manuel Mujica Lainez publicó, en 1984, un pequeño libro lleno de encanto[1]. En él nos cuenta el autor argentino los festejos nocturnos que viven los personajes que, abandonando sus cuadros, toman vida real en las noches del Museo del Prado. Van formando corrillos en los que se susurra, critica y se organizan concurso. En uno de estos concursos, el de «Elegancia», tras formalizar las normas y designar el jurado, cuya elección recayó en los bufones que optaron por elegir entre los dioses. Nos informa el autor lo nutrido de la nómina de participantes que optaron al certamen y cita: «Velázquez, Theotocópuli, Carreño, Pantoja, Sánchez Coello, Goya, Tiziano, Memling, Van Dyck, Moro, Pourbus, Rubens, Parmigianino, Van Loo, Mignar, Ranc, Rigaud, Durero, Mengs y Lawrence»[2]

         Hace unos pocos días en Aranjuez, en la Sala Juan de Villanueva del Centro Cultural Isabel de Farnesio, un creador que no ha tenido aún tiempo de participar en esos concursos nocturnos de los famosos en los museos mundanos, ha celebrado un brillante festejo en el que se ha homenajeado a una parte de los más insignes creadores plásticos  que anduvieron por el mundo en el siglo XX, con especial relevancia en la primera mitad de aquel siglo, formando corrillos nocturnos en la Sala que nos recuerda a Juan de Villanueva, aquel ilustre  creador del Museo del Prado, donde se celebran las fiestas nocturnas que nos describe Mujica Lainez y que aquí, en Aranjuez, nos dejó para ser gozada la magnífica Puerta principal del Jardín del Príncipe.

Miró, Picasso, Lindner, Juan Gris —creación de José Luis Caballero— (fotografía CFB)

Miró, Picasso, Lindner, Juan Gris —creación de José Luis Caballero— (fotografía CFB)

       El creador y mantenedor de este espectáculo, que los antiguos llamaban exposición, ha sido José Luis Caballero, profesor en el Colegio Apóstol Santiago. José Luis es, pues, un creador brillante y lúcido que organiza su obra a partir de un excepcional dominio del oficio de los ceramistas, ofició más antiguo que el homo sapiens y que tan útil nos ha sido para acarrear la vida. Mas siendo importante la cerámica y sus variables trazos por las sendas de la metafísica y la experiencia, que diría María Zambrano, no dejan de ser «fragmentos de un orden remoto que nos tiende su órbita»[3] y mezcla y extiende su conocimiento de la forma y su transparencia. Así el creador, tomando la inspiración formal de Kandisky, padre de la pintura abstracta, acompañado de Malevich y Paul Klee; Picasso y Juan Gris, inventores del cubismo; Alejandro Xul Solar atravesando con rayos del futuro las cabezas de las gentes; con un resplandor genial la metafísica Giorgio de Chirico y el surrealismo subyacente en sus obras, junto al surrealismo total de Joan Miró y el pop art de Richard Linder; el asombro de la luz que mana en la mirada y los pinceles de Julián Casado. Mezclado y heñido todo esto, he aquí el milagro escondido, encelado en la bruma del arte, que soporta el discurso revelador, ¡brumoso manantial!, de donde brota la creación artística. Porque lo que nos presenta esta exposición, desde el homenaje a los creadores que han sido, es el inesperado espectáculo que funda, para el gozo de nuestra contemplación, un creador que es y estaba ahí dispuesto a soportar nuestra mirada sobre su obra. Raro arte el que nace del arte y como en los seres vivos, mediante la sutil mutación celular de la materia y las combinaciones químicas, nos ofrece una nueva creación, que es otra y si cabe más hermosa, como sucede, ¡en ocasiones!, con los procesos de  evolución orgánica.

2.De Chirico, Miró, Picasso —creación de José Luis Caballero—  (fotografía CFB)

2. De Chirico, Miró, Picasso —creación de José Luis Caballero— (fotografía CFB)

       José Luis Caballero, amasando y modelando barro, sometiendo después esta materia al rito vivificador del fuego y del color ha creado un —¡sí, hombre, sí!— ha creado un conjunto de piezas escultóricas inspiradas en obras de varios de los más importantes creadores del arte plástico del siglo XX. Artistas que protagonizaron la gran ruptura del arte contemporáneo con lo que se hacía en el precedente siglo XIX, que es tanto como decir que rompieron con lo que hasta entonces había sido la pintura universal, aquella que está encerrada en el Museo del Prado. Aquellos creadores y este de hoy, que nos deja boquiabiertos y un tanto temblorosos de emoción, a trasmano de toda perplejidad, no dejaron y no deja, José Luis, todo como estaba. Quiero decir, que del esfuerzo teórico y técnico de Caballero, de la contemplación y el amor a las obras contempladas en dos dimensiones, han surgidos nuevas obras, en tres dimensiones y con otros y más complejos materiales, que nos ofrendan unas «otras obras» y «un otro artista». Las discusiones de los significados lingüísticos se las dejamos a los filósofos, pero aquí, en la sala Juan de Villanueva, hemos gozado el arte de un artista primordial.

         Sorpresa sobre sorpresa, luz sobre la luz, envoltura o crisálida, nivel de la experiencia, José Luis Caballero recrea y establece en el espacio de las tres dimensiones de los inéditos volúmenes de la obra de Julián Casado, pues, como dijo Luis Cernuda, «Que estando ya, no estaban / Pues entre estar y estar hay diferencia». El arte es siempre una comunidad de vivencias donde alienta el pálpito de la creación. Nada mejor para fundar esta idea que apoyarnos en la experiencia lírica de nuestra común amiga, Montserrat Doucet[4], cuando en su poemario, inspirado también en la obra de Julián Casado, escribe estos versos:

XVI 
Descubrir el espacio,
poner límites a las líneas
que cierran un cuerpo,
es desear asir el tiempo.
 
Pero el tiempo y sólo el tiempo
es invariablente agua,
agua sin moldes
que circuncida lo geométrico.

 

4.Julián Casado —creación de José Luis Caballero— (fotografía de CFB)

4. Julián Casado —creación de José Luis Caballero— (fotografía de CFB)

       No lo dudo, artistas y personajes se han conjurado y han abandonado la Sala Juan de Villanueva. Calle Capitán arriba se dirigen hacia la calle de la Reina y en El Rana Verde, como gentes que son de tiempos de tertulias por el mundo, disfrutando una copa de buen vino, deciden solicitar a José Luis Caballero y a la dirección del Centro Cultural Isabel de Farnesio, una nueva muestra de estas obras en la Sala de Exposiciones del Centro Cultura, pues se nos quedo corta la exposición recientemente clausurada.

[1] Manuel Mujica Lainez. Un novelista en el Museo del Prado.- (Biblioteca de Bolsillo, 1997) Seix Barral / Barcelona, 1997

[2] Manuel Mujica Lainez. O. C.

[3] María Zambrano.- Claros del bosque

[4] Montserrat Doucet.- Serie Malevich. Editorial Doce Calles / Aranjuez, 2013

5.Paul Klee —creación de José Luis Caballero (fotografía de CFB)

5. Paul Klee —creación de José Luis Caballero (fotografía de CFB)

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Cármenes en Aranjuez 2

Carmen Vela Muñoz: La casa de mi niñez

Cecilio Fernández Bustos

 

 

La alternancia de sueño y vigilia marca la primera división en el tiempo humano, que sigue en ello originariamente a la luz solar, al alternarse de la luz y la oscuridad.

María Zambrano

En la caja del aire va el telón encendido,…

Pere Gimferrer

Tenía diez años y un gato

Juan Manuel Serrat

Cuando llegué a la vida, un sentimiento anterior a mí, formaba parte de mi equipaje.

Carmen Vela Muñoz

 

 

Continuando con nuestro propósito de divulgar el material creativo, la poética y la narrativa, que algunas de mis amigas van acumulando en las alacenas y en las arcas de sus desvelos, hoy traemos un nuevo relato, con forma y estructura sentidamente poética, de una estas amigas que se han prestado a abrirnos los armarios de su creatividad y mostrarnos los huertos donde cultivan las maravillosas hiervas de sus reboticas. Esos balcones donde reverberan las flores que les nacen en sus jardines y que ellas miman discretamente con celo, pasión y arte.

         Hace algún tiempo, en 2005, Carmen publicó un cuento muy hermoso, La magia del gigante, —premiado en el Certamen Ínsula Barataria que organizó el Ayuntamiento de Aranjuez en la conmemoración del IV Centenario de la publicación de El Quijote—. Creadora singular, nuestra autora, que ya ha tenido en varias ocasiones la posibilidad del reconocimiento, nos llevó de la mano por los caminos de la ensoñación. Ella es una de las más activas promotoras de la vida cultural de Aranjuez y está acostumbrada a librar batallas con los silencios del viento y las constelaciones de los que callan.

         Actriz y escritora, participante en casi todo lo que se promueve y promotora ella, Carmen Vela Muñoz nos ofrece hoy un eslabón de su memoria, un hilo de su ternura que nos señala un camino, una guía para recuperar también nuestra memoria que tuvo y tiene un discurrir particular pero que, en tanto que discurrir,  vincula a la vida y nos ilumina para saber de nuestra unidad en el transitar del tiempo.

         Sucede aquí, en la lectura de este relato poético o si se quiere en este poema narrativo, aquello que nos dice Pere Guimferrer en el poema Antagonías de “Extraña fruta” y otros poemas: «…la simultaneidad de tiempos en el momento de correrse unos visillos, con el gesto de ayer, un perfil en escorzo, como en un boceto de pintor,». Se nos revela esta admirable comunicación, el correrse unos visillos, con gesto de ayer, al comienzo del texto de Carmen, y parece como si el poeta hubiera escrito su texto para definir el trabajo de nuestra escritora de hoy, que fluye, como nos contara José Luis Sampedro, «fondo abajo, hacia lo profundo, haciéndose más verdad» y cuya lectura nos está esperando.

 

 

 

La casa de mi niñez

Carmen Vela Muñoz

 

LA CASA DE MI NIÑEZ tenía dos puertas;

una la del paso diario, la otra, la de las ocasiones.

Y dos patios,

en uno llovía, en el otro se oía llover,

Y dos escaleras,

una humilde, la otra, importante

Tenía un cuarto oscuro

y una cueva fresquita.

Chimeneas que echaban chispas

y cámaras que se llenaban de grano

Un pozo con agua

y ropa secándose al sol.

La casa de mi niñez

olía a septiembre en las vendimias,

a dulce en la Nochebuena,

a canela el Jueves Santo,

y a Alex, cera bendita, todo el año.

La casa de mi niñez

era luz en las paredes de cal

y sombra de patio emparrado,

era el silencio de las siestas

y el carrusel de las tertulias.

Era mi abuelo comiéndose la estufa con las manos,

y la paz del campo que llegaba con mi padre,

y mi madre, siempre enganchada a un quehacer,

y mi abuela, maestra, uno derecho y dos del revés,

¡maestra de tantas cosas! …

… era la casa de mi niñez.

 

Aranjuez, 19-3-07

 

No tengo tu casa (fotografía de CFB, 2014)

No tengo tu casa (fotografía de CFB, 2014)

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Se busca un libro

Cecilio Fernández Bustos

 

 

 

Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción, singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. “La rosa es sin porqué”, dijo Ángelus Silesius; siglos después, Whistler declararía “El arte sucede”.

Jorge Luis Borges

 

 

 

Yo siempre busco un libro. Busco el libro que guarda sus sueños en un recóndito rincón de la biblioteca o en esas otras estanterías, ocasionalmente hostiles, donde las librerías los exponen o pierden. Y lo busco porque recuerdo que lo leí y lo tengo, o acaso leo en otro libreo una cita de este y corro a buscarlo, o porque acabo de leer una reseña que me ha llamada la atención o, en muchas ocasiones, se trata de algún amigo que me quiere y me ofrece noticia de un descubrimiento. Yo hago mil malabares con la noticia o la necesidad: apunto en una lista donde significo la urgencia o el interés; indago en las estanterías de casa; llamo o me acerco a mi librería más cercana afectiva; escarbo en internet; miro catálogos. En fin, doy vueltas y revueltas como los animales de las fábulas y en ocasiones encuentro en casa o compro el libro en cuestión. Si el libro lo he comprado en Madrid, la primera lectura suelo hacerla en el tren, y subrayo lo que me llama y me seduce, con ánimo y temblor, para no olvidarlo y volver sobre  más tarde sobre lo leído.

         Cuando llego a casa acostumbra a registrar el nuevo libro. Lo clasifico por título, autor, editorial, fecha de compra, número de orden, fecha e incluso precio. Después le busco un lugar donde dejarlo y busco tiempo para cogerlo, casi inmediatamente y posarlo en un montón, sobre la mesa de trabajo, para iniciar la aventura de leerlo, subrayarlo y cotejarlo con algunos de sus semejantes. En pasado el tiempo, si no ha dejado demasiada huella, salta a ocupar su hueco, si lo hay, en una estantería. Y ahí está, siempre dispuesto y esperando, como un amante, una nueva caricia.

         Como suele sucederme en infinidad de ocasiones, hoy he tropezado con una artículo introductorio a un texto de George Steiner que dice lo siguiente:  Este cuento de George Steiner, inédito hasta ahora en español, es en primera instancia la historia de un grupo de poetas mexicanos que viaja a Medellín, Colombia, con la intención de leer sus versos a una ciudad convulsionada por la violencia. También se puede leer como una paráfrasis del mito de Orfeo y su descenso al Hades, cuyo contexto actual sería el mundo del narcotráfico. De inmediato he recordado un cuento que leí hace unos años, había ganado un concurso y también trataba sobre un grupo de escritores que se montaban en un extraño tren que habría de conducirles a la desintegración, aún lo ando buscando, me preocupan los destinos trágicos. Algo parecido a lo que les sucede a muchos grupos de hombres en el momento actual que se han subido a un trágico tren cuyo destino no está nada claro. El hombre siempre ha soñado con la posibilidad de poseer una lengua común que nos permitiera hablar para entendernos. Ya que los problemas se hacen comunes, se universalizan y nos envuelven como el misterio más allá del placer y el dolor, si bien, como dijera George Steiner en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias de 2001,  «Algunos problemas son más grandes que nuestros cerebros. Eso puede ser una preocupación, pero también es una fuente de esperanza» y de este modo los dioses, como siempre, son utilizados para simular el movimiento de las fichas de la partida confundiendo la palabra común y universal. Tal vez, ¡quién sabe!, pueda alcanzarnos la luz del rayo envuelta en un libro que nos anime a coincidir, a acercar posiciones en el tuétano de lo humano y al calor de la Tierra.

            Yo sigo buscando, ¡ayudadme a encontrar el libro!

Aranjuez, agosto de 2014

Después de la lectura (fotografía CFB)

Después de la lectura (fotografía CFB)

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En el bosque 4

Cecilio Fernández Bustos    

 

El tiempo no es ningún río que desemboque en el
mar. El tiempo es estático y nuevo siempre. Nunca
una equivocación ni un ensañamiento. Más bien el
tiempo es a la vida como un puente al fluir de las aguas.
 Carlos Manrique

 

Alborada 4

 

48)    Sus cosas, como su mente, se regían por un ordenado desorden.

49)    En nuestro entorno siempre hay una serie de preguntas que no pretenden ser ficción y que requieren respuestas.

50)    Necesitamos pautas para conocer. Necesitamos pautas para conocernos. Y necesitamos algo de lenguaje para expresar lo que conocemos y lo que intuimos.

51)    No todo deseo es posible. Ni todo lo posible, afortunadamente, es deseado.

52)    25 de junio de 2014. Ana María Matute ha muerto. Era una señora tan acosada por la ancianidad que apenas si podía caminar sin ayuda. Mas la elegancia y vitalidad de su espíritu la elevaban en vuelos veloces y rasantes sobre la estupidez de un mundo que no ha dejado nunca de ser cruel. Su siglo había superado las luces, pero no la saña de los estómagos agradecidos.

53)    En democracia los votos otorgan el poder, pero no establecen la verdad. La verdad debemos buscarla en las propuestas y confirmarla en el ejercicio del poder otorgado por el pueblo con los votos.

54)    Un pueblo en decadencia impulsa y soporta una sociedad decadente. Pero, una sociedad decadente es el soporte básico del conservadurismo y conservar supone siempre, para el que nada tiene, exclusión e injusticia.

55)    Observar en el acto de observar es la forma más cabal de conocer y delinear la forma del espíritu.[1]

56)    Exploremos la vida, exploremos la historia, exploremos también a los hombres, pues son ellos los que hacen la historia al tiempo que la historia les hace a ellos.

57)    Y así ha sido siempre: en las religiones y en la historia todo se ha escrito sobre hambres y cadáveres. Y el arte, ¿También se ha construido así? El arte no, pero no han sido pocos los artistas que han participado de la fiesta.

58)    Ahora, ¡gracias a los medios de comunicación!, el mundo entero sabe lo que es la crueldad y el genocidio.

59)    Es posible condenar a una mujer que aborta y no condenar esta cruel matanza de niños y mujeres. Pero, ¿de qué ética me habla usted?

60)    Tal vez solo nos quede obedecer, ¿pero a quién?

61)    En democracia solo el pueblo puede delegar el poder. ¿Por qué existen tantos delegados?

62)    Las pasiones te pueden agitar y a su ritmo puedes hincharte y vibrar como la vela de un barco, no obstante, amigo mío, ¡se prudente como prudentes son los navegantes!

63)    ¡Deja que te atrapen la música y la poesía!, pero no te olvides nunca del dolor y del hambre de los que solo escuchan la melodía del cañón.

64)    Nunca te dejes abatir por la losa de la tristeza. Sal a la calle, sí, sal a la calle y grita el nombre de tus amigos. Alguno acudirá a consolarte. Y si no acude nadie conocido, ahí está el mundo y son muchos los que te están esperando: ¡Ve con ellos!

65)    Y a todo esto, por definición, Dios se excluye a sí mismo: ¡Él es trascendente no inmanente! Entonces, ¿por qué se le piden mercedes? ¡Siempre me nubló la vista la contradicción!

[1] Guadalupe Alonso y José Gordon.- Nombrar lo innombrable (Entrevista a Nadine Gordimer)Revista de la Universidad de México

La luz viene del Sol (fotografía CFB)

La luz viene del Sol (fotografía CFB)

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