En el bosque 2

Cecilio Fernández Bustos

 

En la separación de ámbitos no solo hay ritmos diferentes en el movimiento de la cultura, el orden político y la estructura social, sino también diferentes escalas de tiempo. A pesar de la transitoriedad de las modas, los cambios en la cultura y la religión —lo que podríamos describir, en términos contemporáneos, como cambios en la sensibilidad y el temperamento moral— se efectúan a lo largo de vastos marcos temporales históricos.
Daniel Bell

Alborada 2

17) Conoceremos la verdad por su transparencia. Por la claridad de sus palabras y la profunda magnitud de su paisaje.

18) Como al descuido, sin tantas y tantas prevenciones, tropezaras con tu hermano al dar la vuelta a la esquina o tal vez, ¡quién lo diría!, con el lobo desdentado que habita el cuento de Sánchez Ferlosio y como el lobo intentarás seguir viviendo, ¿qué otra cosa se puede hacer?

19) El amor —sí, el amor— también habita detrás de las palabras.

20) El amor, ¿qué es el amor?: deseo, pasión, lealtad, admiración, respeto, dádiva. Siempre palabra y tal vez emoción.

21) ¡Cuidado!, se acaba de caer una palabra de la boca de un hombre que apacienta a los hombres.

22) Caminar sobre la realidad supone siempre un esfuerzo añadido. Dejarse llevar de los autismos psíquicos es más fácil, pero no se ajusta a lo que ha sido.

23) Para que unos pocos vivan como dioses, con comitiva de querubines y todo, otros, tú también, debemos vivir como perros buscando la comida en las basuras.

24) Eres porque estabas ahí, ante esa única posibilidad de ser.

25) Criticar por criticar no es la mejor filosofía, ¡hay que aportar soluciones!

26) Es imprescindible que te conozcas a ti mismo. Pero es imprescindible que te asomes al conocimiento de la historia. Esto, que ahora te llama la atención, ya sucedió antes. A otros hombres, no a ti, pero sucedió.

27) ¡Qué espanto, amigo Nietzsche, si hubieras conocido Internet!

28) Por debajo de toda superficie, pese a una sólida cimentación, acechan las raíces de lo atávico. Por un lado la naturaleza que puede reventarlo todo, por otro lado el hombre que, desde su plácido palacio, vuelve a disputarle al otro hombre ese pequeño hueco donde recuesta su maltratado costillar.

29) ¡Qué gran invento lingüístico!: «No le pongas puertas al campo». No obstante, ¿os dais cuenta de que ya no hay campo sin puertas?

30) ¿Por qué se nos llama público? ¿Te lo has preguntado alguna vez? No, no se trata de un espejo en el que nos miramos para vernos. Se trata del conjunto de todo lo humano. Aquel, tú y yo. Y el todo que nos envuelve: sí, ese todo que es de todos, lo que existe y lo que es. Sí, también ese poquito, legítima privacidad, nuestro nombre y nuestra libertad. Lo demás es todo lo público, lo que no se puede vender ni comprar: el colegio, el hospital, los servicios públicos, ¡los derechos!

31) Y ahora, amigo mío, puedes seguir mirándote en el espejo de la historia. Mas no bajes la guardia, ¡nunca!, pues, el hombre, cuando se pone la piel del lobo, es capaz de engañar hasta al mismo lobo y comérselo.

Plazuela de la Mariblanca e iglesia de san Antonio, Aranjuez (fotografía de CFB)

Plazuela de la Mariblanca e iglesia de san Antonio, Aranjuez (fotografía de CFB)

 

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En el centenario del nacimiento de Octavio Paz

Cecilio Fernández Bustos

 

El texto es un cuerpo erizado de puntos de sutura que impiden la hemorragia, el texto es un mapa de las constelaciones de otro firmamento. La semilla, la sangre, es el cielo del que hablo con la experiencia, que todos tenemos, de “lo otro”.
José María Parreño

 

Hoy, 31 de marzo de 2014, se cumplen 100 años del nacimiento de Octavio Paz en Ciudad de México —donde moriría un 19 de abril tras haber vivido 84 años— Una vida plena de actividad intelectual en la que cultivó con gran éxito la poesía y el ensayo, aventurándose en la antropología y la política. Fue un conferenciante excepcional, ejerció de diplomático y es considerado como uno de los escritores más dotados de su generación. Leer los poemas y los ensayos de Octavio Paz es uno de los más sugestivos placeres que puede ofrecernos la cultura a los castellanos parlantes.

         A lo largo de su vida obtuvo numerosos premios entre los que destacan el Premio Cervantes (1981) y el Premio Nobel de Literatura (1990). Solo enumerar los premios recibidos en su larga vida de artista y hombre de mundo nos llevaría el espacio de varias entradas. De otra parte, nuestro poeta centenario es tan conocido que huelga todo esfuerzo biográfico. Si nos interesa, una rendición de cuentas por su trabajo creativo, especialmente, en mi caso, con dos de sus libros Libertad bajo palabra y El arco y la lira, donde me descubrió el misterio y la magia enigmática de la voz poética. El primero es un libro de poemas, un poemario singular, único y jugoso como la fruta de los sueños; el segundo es aquel libro donde el poeta nos dice con límpida y brillante voz qué es la poesía.

         La voz de Octavio Paz es única y necesaria. Y creo que la mejor forma de celebrar su centenario es la lectura de uno de sus poemas más enigmático y controvertidos y, también, más necesario en el devenir de la literatura. Publicado en 1957, Piedra de sol, «Puede afirmarse que una parte sustancia de la nueva vanguardia literaria en América latina y en España —y no sólo en el campo de la poesía, sino en el de la novela y el ensayo; y no sólo en castellano, sino también, como mínimo, en catalán y en portugués— solo resulta cabalmente explicable a partir de la existencia previa de Piedra de sol »…

         Participar en este pequeño homenaje con la lectura de Piedra de sol, uno de los poemas más enigmático y sublime de la producción del poeta mexicano.

Octavio Paz (fotografía bajada de Google)

Octavio Paz (fotografía bajada de Google)

 

PIEDRA DE SOL

La treizième revient… c’est encor la première;
Et c’est toujours la seule –ou c’est le Seúl moment;
Catr es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?
Es-tu roi, toi le Seúl ou le dernier amant?
Gérard de Nerval, “Arthémis”

 

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrada por un ágata,
piernas de luz, vientres de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosques de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color de durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño en esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina,
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos los veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,
busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tenzontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de una piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,

escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza de jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre,
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,
sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, los sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras […]
…………………………………………………………

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

México, 1957

 

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MÁS ABAJO DEL ESTRECHO

Y Quique abrió las ventanas

Cecilio Fernández Bustos

 

La navaja del río corta pan y tomate
de la tarde que se evapora.
José Hierro

 

¡Quique abrió las ventanas y entró la luz! Y con la luz el incendio de los espejos despojaron de sombras las superficies y se elevó la plenitud del grito sobre el puente. La piel se hizo más clara y transparente como si el agua cambiara su humedad. Y así se ha descifrado el nuevo sortilegio y otra vez huele a pan horneado con leña y se incorpora la idea al texto y la emoción al cuadro.

         Enrique Serrano expone en la sala de la ACR Indra Aranjuez . Sus cuadros son luminosos, los que yo recordaba los había visto hace muchos años; en aquel tiempo Quique era muy joven y estaba uncido a las sombras, a los matices goyescos del claro oscuro. Hoy me encuentro un pintor más luminoso, más apasionado por el sol. Tal vez su viaje a Marruecos —todo un país de sol—, como a tantos otros, lo haya convulsionado. Hoy es un pintor más cerca de Sorolla que de Goya. Tal vez nuestro pintor ha visto como resbalan las formas por el filo brillante del espejo, ese espejo que tanto le preocupa y en el que busca su envés.

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         Vista la luz, me amanece el sonido. Quique es pintor, pero también es poeta y el poeta lleva prendido a sus entrañas el rumor del ritmo. Y es ahí donde las formas adquieren su más sutil belleza, donde las formas y el color se aman con pasión genésica y alumbran la poética de la plástica. Es un pintor ungido por la sabiduría de los materiales, que encuentran en él al alquimista y al mago. ¡No veis temblar vuestras pupilas!

          Octavio Paz dice que «el decir poético dice lo indecible… El lenguaje poético indica, presenta; el poema no explica ni representa: presenta» . Algo muy cercano a lo que dice el poeta, puede decirlo el crítico refiriéndose, en este caso, a la pintura de Enrique Serrano. No trata de representar una realidad, sino que envuelve los materiales, las formas y las luces en una quimera plástica, en un estar en la realidad y es ahí donde estallan los reflejos y la envoltura de las formas desprendidas de los sueños. Donde «… los materiales abandonan el mundo ciego de la naturaleza para ingresar en el de las obras, es decir, en el de las significaciones» ¿Surrealismo acaso?, es posible. Así que, para ver entrar la luz por los pasillos de nuestras miradas, es preciso un conocimiento previo de la luz o, acaso, un descubrimiento que, simultáneamente, nos aproxima y nos induce a quedarnos en el éxtasis de la propuesta. ¿Qué se esconde bajo la piel de las veladuras? ¿Qué agita en esas rugosidades y sus volutas yacentes? El artista que araña esas pieles al tiempo de los lenguajes plásticos y susurra una nana al color para que anule el pensar y se ensañe en el sentir. Sí, sentir como esa pulpa húmeda de la materia que, suavemente, sin herir, va tatuando la suavidad de la respiración. Porque también la pintura del poeta transcurre sobre esa filtración de la luz donde el autor llega a encender corazones y ciudades.

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         El éxito de los cuadros de esta muestra, sacrificio que nos ofrece a la contemplación el pintor, tal vez haya surgido de un hecho creativo. El artista nos presenta unos trabajos en los que ha conseguido, como dijera Jaime Gil de Biedma, «…una realidad en la que el divorcio entre las cosas o los hechos y las significaciones ha sido superado, pero ese realidad integrada debe a la vez guardar adecuación con la realidad de la experiencia habitual, es decir, con aquella en que precisamente se da el divorcio cuya superación se pretenden» Y ello nos permite identificar unas formas que, tal vez rescatadas de los espejos, siendo otras, nos recuerdan la levedad del espejismo labrado en la memoria. Luego, como gesto integrador en lo poético, «…ese género de “cosas” realiza la más generosa de las funciones: estar más allá y más acá, dentro y fuera de lo que es propiamente cosa. Y así, hacen posible que lo que es carne, cuerpo, aparezca. Tal el espacio, ausencia pura que permite todas las presencias» .

         En conclusión, la muestra Más abajo del Estrecho, pinturas de Enrique Serrano Álamo, constituye un acierto pictórico, pues, superada toda monotonía conceptual, el artista nos ofrece unos cuados de excelente factura, donde se concilian la luz del estío y la levedad de las transparencias húmedas, las formas conocidas y las formas soñadas, el espacio de los espejos y el espacio de los duendes. Acaso, tú y tú, ¡No veis temblar vuestras pupilas!

Aranjuez, marzo de 2014

1) Artículo publicado en el nº 1030 de El Espejo de Aranjuez, el 21 de marzo de 2014
2) Octavio Paz. El arco y la lira. Fondo de cultura económica. México, (segunda edición)1970
3) Octavio Paz. O. C.
4) Jaime Gil de Biedma. El pie de la letra. Ensayos (1955-1979)
5) María Zambrano. España, sueño y verdad. Amor y muerte en los dibujos de Picasso.

 

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Los poetas se van, pero nos dejan sus versos

En el Día Mundial de la Poesía

Homenaje a cinco poetas que se acaban de marchar

Con cinco rosas

 

El cuerpo es inmortal porque es mortal.

Octavio Paz

 

 

JUAN GELMAN

Falleció el 14 de enero de 2014, Ciudad de México

Nació el 3 de mayo de 1930, Buenos Aires

 

 

Islas
A ver:
un hombre y una mujer
viven en una isla asediada.
Los rodea el océano donde
ardió el plumaje de un jilguero
en el hilo del
amor que canta
en la espesura del vacío.
El jilguero los nombra y son
inseparables de sus nombres.
Los cerca el mundo como
un animal sin luz y cruel.
La tierra lame heridas
que hablan con ojos hacia adentro
y caen con
astros detrás.
A ver:
un hombre y una mujer
muerden las
envolturas marinas
de lo que amaron.

(De Mundar, 2007)

Rosa Príncipe 1 (fotografía CFB)

Rosa Príncipe 1 (fotografía CFB)

 

JOSÉ EMILIO PACHECO

Falleció el 26 de enero de 2014, en Ciudad de México

Nació el 30 de junio de 1939, en Ciudad de México

 

Circulación de los venenos
 
1. La herencia de odio
 
Entre las grietas del muro,
Venido a menos que bajo,
Los escorpiones riñen en familia
Y disputan su herencia de odio.
 
¿Qué aguijón tendrá el privilegio
Del veneno de gran alcurnia
Que escorpionice al malherido?
 
2. Quién no
 
Al levantar el piso destruí sin quererlo
El nido de las víboras impunes.
 
Se irguieron rencorosas para matarme.
Sus lenguas silabearon la maldición
De una violencia que está inscrita a ciegas
En la trama del mundo.
 
Sentí miedo, quién no,
Jamás asombro:
De verdad no esperaba
Que fueran a cantar mis alabanzas.

(De Como la lluvia, 2009)

Rosa Príncipe 2 (fotogrfía CFB)

Rosa Príncipe 2 (fotogrfía CFB)

 

FÉLIX GRANDE

Falleció el 29 de enero de 2014, en Madrid

Nació el 4 de febrero de 1937, en Mérida

 

Carta de amor
 
Toda ausencia es inexorable
 
Soy la fiera y el círculo y la jaula
Soy el cadáver y sus perplejos
Soy el desesperado y su ironía
Soy el eclipse de mi rabia
Y soy la rabia de mi desconsuelo
 
Soy el ahorcado que no tiene soga
Soy el guerrillero sin armas
Y soy el predicador mudo
 
Soy el odio sin puñal
Soy el terremoto sujeto
Y soy el cataclismo inútil
 
Soy este lado de la distancia
En medio de la nada y el mundo
El universo vacío
 
Toda ausencia es inexorable

(De Las rubáiyátas de Horacio Martín, 1970)

Rosas Príncipe 3 (fotografía CFB)

Rosas Príncipe 3 (fotografía CFB)

 

ANA MARÍA MOIX

Falleció el 28 de febrero de 2014, en Barcelona

Nació el 12 de abril de 1947, en Barcelona

 

El corazón de Charo flota sobre las aguas del Delta como una flor endamascada. Fue asesinada al amanecer. En los raíles del tren se han encontrado fragmentos del diario de su amor. Relatos de luna llena, caligrafía imposible, Cristo crucificado, ¿qué pasó? Adamo guarda silencio en el Olimpia y las monjas del Sagrado Corazón cubren el cuerpo mutilado con flores de azahar. Qué historia más extraña la de algunas colegialas.

(De Nueve novísimos, 1970)

Rosa Príncipe 4 (fotografía CFB)

Rosa Príncipe 4 (fotografía CFB)

 

LEOPOLDO MARÍA PANERO              

Falleció el 5 de marzo de 2014 en Las Palmas de Gran Canarias

Nació el 16 de junio de 1948, en Madrid

 

Deseo de ser piel roja
 
La llanura infinita y el cielo su reflejo.
Deseo de ser piel roja.
A las ciudades sin aire llega a veces sin ruido
el relincho de un onagro o el trotar de un bisonte.
Deseo de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto: no hay tambores
que anuncien su llegada a las Grandes Praderas.
Deseo de ser piel roja.
El caballo de hierro cruza ahora sin miedo
desiertos abrasados de silencio. Deseo
de ser piel roja.
Sitting Bull ha muerto y no hay tambores
para hacerlo volver desde el reino de las sombras.
Deseo de ser piel roja.
Cruzó un último jinete la infinita
llanura, dejó tras de sí vana
polvareda, que luego se deshizo en el viento.
Deseo de ser piel roja.
En la Reservación no anida
serpiente cascabel, sino abandono.
DESEO DE SER PIEL ROJA.
(Sitting Bull ha muerto, los tambores
lo gritan sin esperar respuesta.)

(De Nueve novísimos, 1970) 

Rosa Deleite 1 (fotografía CFB)

Rosa Deleite 1 (fotografía CFB)

 

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Por qué escribir

Para celebrar los veinte años que cumple un libro y sopla las velas junto a dos de sus hermanos

 

Cecilio Fernández Bustos

 

El tejado y la luna. La ventana y el viento. ¿Qué quedará de de todo ello cuando yo me haya muerto? Y, si yo ya estoy muerto, cuando los hombres de Berbusa al fin me encuentren y me cierren los ojos para siempre, ¿en qué mirada seguirán viviendo?

Julio Llamazares (De La lluvia amarilla)

 

Lluvia Amarilla.- Julio Llamazares

Lluvia Amarilla.- Julio Llamazares

La literatura constituye un ámbito amplio y abierto: todo cabe. No obstante, el arte de escribir está poblado de elementos técnicos, de figuras, de formas. Así, el arte de decir se convierte en un bosque complicado y agónico donde encontrar el camino para una expresión acertada puede resultar, para quien lo intenta, una situación muy angustiosa. De otra parte, el acierto puede llenar de satisfacción a quien lo logra. De ahí que el de escribir sea un oficio peligroso para quienes lo intentan.

         Se escribe para comunicar, pare expresar, para

El río del olvido. Julio Llamazares

El río del olvido. Julio Llamazares

contar, para decir, para crear y también, como no podía ser menos, para comprender a los demás y comprendernos a nosotros mismos. No pretendemos ser excesivamente categóricos, pero sí, ¡es preciso!, claros. Hay en todo esto un hálito, posiblemente muy sutil, de polemizar y transgredir desde dentro del propio discurso. Todo intento de expresión literaria es siempre un esfuerzo personal que busca, para dialogar con él, un interlocutor. Esfuerzo doloroso muchas veces porque el interlocutor no se manifiesta, no está y hay que llamarle con susurros o con gritos. Hay que dar aldabonazos a su puerta con un lenguaje que entienda y que le emocione, o le agite y le fuerce a revelarse.   

         La cuestión es que, Julio Llamazares, no publica más poesía y, posiblemente, sea coherente con sus expectativas de creador. No, poemas no, pero en toda su literatura hay un pálpito singular y poético que nos arrastra a la lectura de sus libros. Alguno hace ya tiempo que los publicó pero no han generado pátina de vejez, se mantienen frescos como el primer día. Tal vez el autor ya no sea el mismo de ayer y hoy no podría escribir aquellos libros. Pero los textos están ahí como si disfrutaran de su primera primavera, de su primer verano y nos mirasen bien con sus ojos de historias recién contadas. Son más, seguramente se me han escapado otros, pero esos libros no vencidos por el paso del tiempo que emergieron un día como metal salido de la tierra son, por orden de edición: La lluvia amarilla (1988) —el título del libro nos da la clave de la maravilla que nos espera—; El río del olvido (1990) —toda la magia de un viaje a pie por el asombro de una tierra encantada—; y Escenas de cine mudo (1994) —en este mes se cumplen veinte años de la primera edición de este libro— Hace veinte años todos éramos más jóvenes, y aún era dulce la novedad histórica. Pero hoy, un nuevo plegamiento de los tiempos, nos vuelven las costuras del revés y de nuevo temblamos: ¿de frío?, no, ¡de sueños!

 

Escenas de cine mudo. Julio Llamazares

Escenas de cine mudo. Julio Llamazares

 

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En el bosque

Cecilio Fernández Bustos

 

 

                                     Para Carlos Manrique y Alberto Bustos

 

La palabra escondida, a solas celada en el silencio, puede surgir sosteniendo sin darlo a entender un largo discurso, un poema y aun un filosófico texto, anónimamente, orientado el sentido, transformando el encadenamiento lógico en cadencia; abriendo espacios de silencios incolmables, reveladores.

María Zambrano

 

 

Alborada 1

1)      ¡Qué grave error, confundir la administración pública con la empresa privada! Y, al mismo tiempo, ¡qué sutil inconsecuencia!

2)      Necesito que estés ahí: sí, te necesito a ti para poder ver la vida.

3)      La grandeza de lo finito ante el infinito desaparece si no hay futuro. Y si no hay futuro, ¿qué importan la grandeza ni el infinito?

4)      Lo negativo nos hiere en lo más blando y deposita ahí, cual insecto perverso, los huevos que al germinar darán dolor. He ahí una forma del origen de la muerte.

5)      Es inevitable que nos sintamos atados a una forma de destrucción cuando nos escindimos del sortilegio de lo íntimo. Si renunciamos a Eros, nos uncimos a Tánatos.

6)      Un libro es un claro en el bosque de la vida. Se abre ante nosotros como una flor y nos deja ver su centro —luz o abismo— para que libemos en su cáliz. Leer es como comer o beber el corazón de esa flor.

7)      Un libro nos ayuda a encontrar y fijar la luz. Hay que evitar que la vida se derrame y, cuando nada se busca, la luz será pura sorpresa. Es ahí, ¡claro del bosque!, donde el libro suena como un corazón que nutre y da calor.

8)      La santidad es incompatible con la felicidad.

9)      ¡Te oigo y te acaricio, pues tengo ojos!

10)    Hubo un día en el que algunos soñamos un bosque de poemas para la calle de las Infantas de Aranjuez. En poco tiempo gozamos con la floración de tres bellísimos poemas, grandes poetas los aportaron. Pero, ¡ay!, la lluvia ácida los sepultó, ¿en la tumba?, ¡no!, ¡en el olvido!

11)    En todo tiempo, aún en las dictaduras del siglo XX, las gentes de El Gallinero se atrevieron a celebrar los carnavales y el día de san Ildefonso colgaban su impúdico pelele en medio de la calle. ¡Después, corrían delante de los Guardias!        

12)    El tiempo pasó sobre nuestras vidas en raudo vuelo rasante. Y con él nos vamos: ¿adónde nos vamos?

13)    De tanto poner las manos en el fuego para salvar el honor del colega, algunos políticos, reductores del Estado, acaban mucho más que chamuscados y traen a mi memoria a los jibaros, aquellos que reducían cabezas.

14)    Tal vez el arte en todas sus manifestaciones pudiera rescatarnos de tanta ausencia y darnos algo de libertad.[1]        

15)    Detrás de toda fantasía habita un personaje, aún por definir, que espera su turno para pasar a la historia.

16)    No es lo mismo ir por leña que ser leñador.

 

Destejiendo la trama de los días (Composición 1. CFB)

Destejiendo la trama de los días (Composición 1. CFB)

 


[1] Robert Walser: El más solitario de los escritores. La influencia de su enfermedad en su creación literaria. MARCELO MIRANDA C.¹, LEONOR BUSTAMANTE C.², CAROLINA PÉREZ J.-  La existencia humana, en la visión de Walser, consiste en una total superficialidad. Walter Benjamín dijo acerca de él: “ Podría decirse que al escribir se ausenta”.

 

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75 aniversario de la muerte de Antonio Machado

Cecilio Fernández Bustos

Todo es revelación, todo sería de ser acogido en estado naciente. La visión que llega desde afuera rompiendo la oscuridad del sentido, la vista que se abre, y que sólo se abre verdaderamente si bajo ella y con ella se abre al par la visión. Cuando el sentido único del ser despierta en libertad, según su propia ley, sin la opresiva presencia de la intención, desinteresadamente, sin otra finalidad que la fidelidad a su propio ser, en la vida que se abre».
María Zambrano

 

 

Hoy, 22 de febrero de 2014, se cumplen 75 años de muerte de Antonio Machado. Nació en Sevilla, España, el 26 de julio de 1875 y murió en Colliure, Francia, el 22 de febrero de 1939. Hoy debemos alegrarnos y estar felices en el recuerdo, desde la cultura, la  poesía y el humanismo social y civil. Hoy debemos sentir la conmoción gozosa de sabernos parte de ese mundo que nos legó el poeta sevillano. ¡Hoy debemos recordar su vida y su muerte! ¡Hoy y todos los días, debemos leer su poesía, sus aforismos y caminar, junto a Juan de Mairena, por las tierras que alentaron la vida y la obra del poeta, del ciudadano, del hombre.

 

 

Boda de Antonio y Leonor

Boda de Antonio y Leonor

DOS POEMAS PARA RECORDAR AL POETA

 

Recuerdo Infantil

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.

 

LLANTO DE LAS VIRTUDES Y COPLAS POR LA MUERTE DE DON GUIDO

         Al fin, una pulmonía
mató a don Guido, y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din-dan!
         Murió don Guido, un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.
         Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.
         Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.
         Y asentóla
de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.
         Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
— ¡aquel trueno!—,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don Guido, muy serio,
camino del cementerio.
         Buen don Guido, ya eres ido
y para siempre jamás…
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?
         ¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?
         Buen don Guido y equipaje,
¡buen viaje!…
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.
         ¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.

 

 

Cabeza de Antonio Machado. (Pablo Serrano)

Cabeza de Antonio Machado. (Pablo Serrano)

 

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