Por detrás de la Montaña antes de la nacencia de los adosados

Cecilio Fernández Bustos                                                

                                                          

Las multiplicidades que giran múltiples en la multiplicidades del instante único en que vivimos. ¡Y fíjate, el instante todavía no ha acabado!        

Franz Kafka

Alguien está tocando una música espesa en la esquina del mundo. Alguien que ni siquiera conozco.

Julio Llamazares

Acaba de encontrar un grillo que hace muy poco, agitando su alas, cantaba su rítmica estridencia entre las flores. El niño lo ha descubierto y ha sacado de uno de sus bolsillos una cajita de cerillas vacía y la abre para depositar en ella el grillo, pues, espera cazarlo. Hubo suerte, lo cazó y ahora, dentro de su bolsillo, el grillo vuelve a cantar. El niño, gozada la vacación de la tarde del jueves, sin colegio por definición, vuelve a casa con un tesoro en el bolsillo.

         Otra forma de contar las cosas y los sucesos que nos acompañan en la vida es aquella de recurrir a las líneas, las superficies y las formas. Relato que, no dudamos, es más abstracto, menos figurativo pese a su innegable fuerza. Habrá otras más dotadas de color y desgarradas formas, más expresionista en su fortaleza: como, por ejemplo, si el niño hubiera aplastado al grillo sobre su mano y, de este modo el pequeño sintiera sobre su piel la desintegración del insecto. Otras más sutiles y espontáneas, son formas más impresionistas y sugerentes al conformar una realidad en tránsito, como la puesta del sol o el transporte del grillo en el bolsillo. Y, por último, aquellas otras más cercanas al entendimiento de nuestra percepción por su realismo compresible, próximas a las formas identificables por la experiencia, formas a las que la fotografía consagró belleza y noticia, esas que, antes del ordenador, quedaban difusas y perdidas en el amarillear del tiempo y que dejaban, en permanente actualidad, imágenes que ya no son ni están.

         Hoy, ¡qué duda cabe!, la técnica digital oculta en un pequeño teléfono, hubiera permitido al niño, al tropezarse con el grillo, cosa harto difícil hoy, hacer una captura sin violencia —fotografía o filmación— que hubiera permitido al grillo seguir en su lugar y el niño, ya en casa, disfrutar con el grillo de su encuentro, bajo los aumentos microscópicos del ordenador. Son estas, todas ellas, herramientas para el creador, técnicas perfectamente válidas en función de la permanencia de la herida del recuerdo y de lo que queremos transmitir. He ahí, amigas y amigos míos, el pozo del que las hadas, los artistas y los niños extraen su magia para contar estrellas y dejar un hálito de belleza permanente en los recuerdos  y señales de haber sido.

         Y fue así, en una tarde cualquiera de aquellas sin colegio, como Paquito tuvo una primera revelación sobre su existencia. Y supo que él era él y no otro y que la compañía del grillo en un bolsillo de su pantalón le servía de referencia entre él y el resto de los seres vivos. Al igual que otro hombre, Gregorio Sansa, creado de la ficción por un tercero, se servía de un insectos para afirmar su singularidad de hombre deshabitado.

         Además del grillo, aquella tarde sin escuela, Paquito recolectó unas olorosas criadillas de tierra en las faldas de la montaña, cerca del fortín perdido por aquellas tierras, como recuerdo de una guerra.

         Pero lo más interesante de este cuento es que sin decirlo todo y callando muy poco, aquel niño del grillo y las criadillas, una vez que supo que él era él mismo, le nació un gran amor por las palabras. Y por aquí anda, sin atreverse a decirlo todo. Eso sí, ya no es un niño.

Y los cardos se secaron (fotografía CFB)

Y los cardos se secaron (fotografía CFB)

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Cármenes en Aranjuez

Cecilio Fernández Bustos                                                                     

     A María Bustos Calderón  

La vida humana es el mayor derroche económico de la naturaleza: cuando parece que podrías empezar a sacarle provecho a lo que sabes, te mueres, y los que vienen detrás vuelven a empezar de cero.

Rafael Chirbes ( De En la orilla, 2013)

 

Visité Granada por primera vez cuando aún era muy joven, adolescente descubriendo el mundo. Estaba pues en aquel tiempo en que se nos revela nuestra propia existencia y nuestra relación con el mundo. Como tantos que por allí pasaron, caí rendido y enamorado ante su belleza, su mágico encantamiento y su profundo aroma a Macasar —debía ser invierno—. Después de aquella visita he vuelto muchas veces y he tenido la oportunidad de mirar la ciudad desde muchos ángulos. Nunca olvidaré a Paco Izquierdo, noble amigo granadino,  con quien compartí muchas horas de contemplación artística y pasión por la vida. Pero no es de aquello de lo que quiero escribir hoy, a Granada y a todo lo granadino le dedicaré algún día un sentido recuerdo donde explicitaré todos mis amores a la tierra de Federico García Lorca.

            Granada en esta ocasión es solo un pretexto, un rodeo para iniciar una nueva sección de este blog. Y lo es para que muchos amigos y amigas que escriben, muy bien por cierto y que tienen imaginación y aciertan  a presentarnos mundos o, más exactamente, visiones del mundo muy personales en cada caso, se asomen a esta ventana que estoy abriendo en este momento. Se trata de cuentos desconocidos para los demás, singulares e interesantes y por demás artísticos y dignos de consideración. No debería importarnos, en momentos de tanta y tan excluyente bulla, tendernos un momento a descansar «del ruido y del bullicio», decía Octavio Paz, para reponer fuerzas y lanzarnos de nuevo a la vorágine de querer alcanzar un vivir como humanos libres.

            Siguiendo por donde iba, como ya sabéis, en Granada existen unos pequeños jardines, colgados de las laderas de los hondos desniveles del terreno, colgados como sucediera en Babilonia. Pero ¿qué digo?: ¡No!, jardines no, viviendas; dije viviendas, ¡no!, viviendas no, huertos, pequeños huertos de subsistencia. Sí, aunque existen grandes y maravillosos cármenes —el carmen de los Mártires es uno de los más representativos— para el disfrute del turista. Los cármenes granadinos son pequeñas residencias aisladas y tapiadas, allá en el Albaicín, que guardan en su interior todo eso: casa, jardín, huerto y un oloroso macasar. En Aranjuez también existen lo que en Granada serían gigantescos cármenes: el jardín del Príncipe con su Casa del Labrador —y algún que otro macasar— y el jardín de la Isla con el Palacio Real. Pero no es de los cármenes, tampoco de Granada, ya lo he dicho, de lo que hoy quiero hablar, sino de las Cármenes. Y en esta ocasión en concreto de numerosas Cármenes, de varias escritoras que, tapadas por la brumosa niebla del Tajo, ocultan a las miradas lectoras unas sugestivas obras. Es posible que ni entre ellas se conozcan y si se conocen no lo es con la perspectiva de que escriben y que Cecilio las conoce y quiere dar a conocer sus trabajos. Sí, de eso se trata, de presentar a estas escritoras que viven de otras cosas y en otras cosas pero que, además, escriben o han escrito. Sí, no lo duden, escribir es una tentación y, no hace de esto mucho tiempo, un gran pecado, especialmente si quien tenía el atrevimiento era una mujer, aunque esa mujer se llamase María Zayas y Sotomayor o Emilia Pardo Bazán; María Zambrano o Adela Cortina; María Rosa de Gálvez o Aurora Luque. Como dijo Nadine Gordimer, se «escribe porque estamos en un proceso de descubrimiento, explorando la vida, a los seres humanos, a la historia que ellos hacen y que los hace. Exploramos religiones y costumbres, porque éstas son las estructuras alrededor de la personalidad humana. Creo que sólo puedes afectar a tus lectores en la medida en que presentas un pequeño grano de la verdad que se han negado a sí mismos o que no han alcanzado».[1]

            Las Cármenes de las que yo hablo son otras mujeres que escriben, sí. Cuentos, relatos cortos; breves semblanzas de la vida y de la tierra, cosas que pasan o han pasado o, acaso, podrían pasar; y también poemas, una de ellas además de relatos muy breves, escribe poemas muy hermosos. Y lo hacen muy bien e incluso nos esconden las cosas en el pajar o debajo del montoncito de tierra donde, de niñas, escondían los alfileres «bonis», porque ellas, las escritoras que voy a presentar han llegado a tiempo de jugar con alfileres y con otras muchas cosas bellas de las que hoy se han olvidado las niñas y los niños.

            La primera Carmen que traigo a estas páginas, mujer con voz de cielo, va asomando sus palabras por rincones poco frecuentados. Se llama Carmen como las otras y, para que no haya ninguna confusión incluiremos su primer apellido, García, algo que también haremos con las otras compañeras de aventura literaria. En la medida que vayan aportando material irán apareciendo en estas páginas y en esa misma medida se irán dando a conocer a sus lectores.

            La Carmen que firma hoy, escribe como jugando. Muy adaptada a su sociedad y a su tiempo; en vez de enviar mensajes o whatsapp manda a sus amigas y amigos pequeños cuentos que improvisa. Sí, así de fácil. A mí, ya os diré más, pero de momento deciros que me gustan lo razonable y si a ustedes vosotros también os llegan a alentar la sonrisa o la zozobra, pues eso que habremos conseguido.

            Como si de un ramo de rosas blancas se tratara, en tiempos tan difíciles, esta sátira tocada de sutil ironía sobre las cosas que tan frecuentemente ocurren en estos tiempos.

Rosas blancas (fotografía, CFB)

Rosas blancas (fotografía, CFB)

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Hoy me he muerto

Carmen García Fernández

 

Quiero hablar de esta experiencia. No se muere uno todos los días.

Enseguida me di cuenta; ¡no tenía hambre! Yo desde que me levanto pienso en comer.

—¿Qué pasa aquí? Y que tranquilidad, ¡coño! Que gusto da estar muerto. Pero, ¿y ahora? —Llevaba las mismas bragas desde ayer y la habitación estaba hecha un asco. Vendrían los de las pompas y el médico , y lo peor; la familia armando la Marimorena. No iba a ser tan fácil después de todo.

Desde luego yo ya poco podía hacer. Solo quedarme cada vez más tiesa

y más simple. Yo no he sido nunca la reina del mambo en eso de la inteligencia, pero es que estaba lerda del todo.  Ahora ya no podría sumar dos más dos ni en el potro del tormento. Aunque ya poco me quedaba por hacer en este mundo. ¡Me enterraran! ¿ENTERRAR?

—¡Pero por qué!, quiero decir ¿por qué no me dejan tranquila aquí, en la camita? Yo soy dormilona, podría aguantar hasta el medio día sin que nadie piase. ¿Y el trabajo?, muerta me echan, seguro, ¡pues buenos están los tiempos! A ver si va a resultar que da más problemas estar muerto que vivo.

 A mí qué me importa, yo a criar malvas y el mundo que siga rodando.

Yo ahora me duermo, a lo mejor me despierto en Las Maldivas.

Al menos, ¡eso espero!, que no sea un sitio demasiado caluroso. POR FAVOR!!

[1] Guadalupe Alonso y José Gordon.- Nombrar lo innombrable (Entrevista a Nadine Gordimer)Revista de la Universidad de México

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De colección

A la búsqueda de complicidades

Cecilio Fernández Bustos

   

No todas las realidades son del mismo orden: A. Machado dijo sobre esta verdad tan conocida una frase que me exime de más comentario: «Todo necio confunde valor y precio».

Santiago González Noriega

 

Solo hay unos cuantos tipos de personas, y cada cual desea ser reconocido por aquellos a quienes pertenece. Ésta es la única función de las ideologías; y las ideas, encerradas en paquetes tales, se ven supeditadas a ese único y tristísimo papel.

Rafael Sánchez Ferlosio

 

El gran reto de la economía y de la política debería de ser, hoy como ayer, hacer posible el pleno empleo. Pero no ese empleo de embadurnar estadísticas y de sacar el pecho o la sonrisa ante las cámaras. No un empleo que nos permita vivir con dignidad, ¡sin mendigar ni dar limosna! Cuando hablamos de cuestiones tan fundamentales deberíamos hacer una esfuerzo por superar el limitado espacio de lo tribal. Bueno sería la aplicación de una mirada cubista que nos permitiera ver más allá de los cercanos límites de lo inmediato y próximo. Buena sería una mirada universal, ecuménica como el hombre; una mirada que desalojara de nuestras estrechas mentes las fáciles simplificaciones; una mirada que descubriera las hambres cercanas pero, también, las otras hambres; las hambres agobiadas y agobiantes de los otros, los que habitan tras el simple altozano que establece el límite del barrio, de lo local, la frontera de la nación; una mirada que nos despojara de los cristales, más o menos brillantes, a través de los cuales contemplamos los paisajes irreales de nuestros deseos. Una mirada no sólo para mirar o por mirar, sino para ver y por ver detrás de la cara oculta de todas las lunas que hacen opaca la realidad. Y ver como avanza la muerte, como trepa por las débiles entrañas de millones y millones de niños, mujeres y hombres; mientras otros niños, otras mujeres, otros hombres, tal vez tú y yo, alimentamos con nuestras sobras un inmenso catafalco de inmundicias donde, irremisiblemente, de deshoja el planeta tierra.

Ángel Ortiz, último libro presentado. Aranjuez, 27 de junio de 2013 (fotografía de CFB)

Ángel Ortiz, último libro presentado. Aranjuez, 27 de junio de 2013 (fotografía de CFB)

 

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Literatura y modernidad

Literatura y modernidad[1]

Cecilio Fernández Bustos  

Para Raquel y Luis                        

A los compañeros de la Comisión Azorín 2013

 

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Antonio Machado

                                                                      

Más de una vez he comentado que mi palabra escrita

reproduce obviamente mis ideas

estéticas, pero también mi pensamiento moral,         

mis litigios personales, mi manera de buscar           

una salida al laberinto de la historia.

J. M. Caballero Bonald

 

A los economistas neoliberales, y no sólo a

ellos, les gusta creer que de los vicios privados        

a veces surgen buenos resultados para la vida

económica y de las virtudes privadas a veces           

surgen malos resultados. Por eso prefieren

atenerse al viejo dicho «lo que no son cuentas         

son cuentos» y asegurar que la economía sigue

su curso sin que le perjudiquen la codicia o la

insolidaridad, que quedarían para la vida

Adela Cortina

  [1] Artículo publicado por el autor, con ligeras modificaciones, en el «Tabloide» de la Comisión para la celebración del Centenario de la Fiesta de Aranjuez en Honor de Azorín, del 5 de junio de 2013

 

El pasado sábado, 14 de junio de 2014, La Espiral, Espacio Cultural, celebró una gran Gala en el restaurante El Rana Verde, para la entrega de  los Premios a la Cultura, otorgados por esta entidad. El acto resultó brillante y entrañable como se colige de los comentarios que me han llegado —no pude asistir— Quiero desde aquí felicitar a los promotores de tan brillante iniciativa para la cultura promovida desde la sociedad civil por  Raquel Gómez Troyano y Luis García Jurado-Centurión.

Entre otros galardonados, recibió el Premio a la Mejor Iniciativa Cultural en 2013 la Comisión para la Celebración del Centenario de la Fiesta de Aranjuez en Homenaje a Azorín. Como miembro que fui de aquella Comisión Azoriniana, mi agradecimiento a los promotores de La Espiral e igualmente el reconocimiento al impacto de su discurso cultural y de sus actividades en Aranjuez.

Hace un año,  cuando trajinábamos especulando con el diseño de una de aquellas tertulias que se promovieron y celebraron en El Rana Verde, el grupo que formábamos la Comisión del centenario de la Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín, preparando una de las tertulias que habíamos programado y que pensábamos, en un primer momento, titular «Literatura y modernidad», discutimos un rato sobre la inmensidad del tema planteado. Nos sentimos abrumados. ¡Literatura y modernidad! Yo también, como Lope de Vega ante el soneto que le manda hacer Violante, diría aquello: «…en la vida me he visto en tal aprieto». Pero no es del soneto de quien quiero escribir hoy. El soneto, desde que existe, se ha instalado sin ninguna dificultad en una permanente modernidad, especialmente desde que Pablo Neruda se permitió todo tipo de licencias en aquellos maravillosos «Cien sonetos de amor», que dedico a Matilde Urrutia; así como  desde que la poeta cubana, Carilda Oliver, escribiera algunos de los sonetos más bellos del siglo XX.

Manejando como pretexto el hecho histórico del Homenaje a Azorín en Aranjuez, en noviembre de 1913, es evidente la necesidad de introducir una amplia pluralidad a la visión de aquel acontecimiento y sus efectos en la vida de los ciudadanos —muy pocos entre los ribereños, más en el resto de los españoles—.  Así podemos decir que, en esta ocasión, no tratamos del arte por el arte, ni de la política por la política, ni de la economía por la economía, etc., tratamos de todo ello, ¡por supuesto! Pero hoy son los ciudadanos, los ciudadanos de ayer y de hoy. Si queridos contertulios, nuestra mirada pretende ser poliédrica y convivencial aceptando el rigor y —si lugar hubiera— la chanza, para que no caiga el buen humor entre nosotros.

Decíamos ayer que hablar de modernidad en literatura excede por su complejidad los límites de una tertulia —¡no de varias!—. Si trazamos una línea que vaya desde Azorín a, por ejemplo, Javier Cercas, o Muñoz Molina o Manuel Rivas. O si, en otro ámbito, la poesía, la trazamos desde Antonio Machado a Luis García Montero o Aurora Luque; Pablo García Baena o José Manuel Caballero Bonald. O si desde Ortega y Gasset trazamos esa línea hacia Emilio Lledó o Adela Cortina; Victoria Camps o Jacobo Muñoz; Esperanza Guisan o Daniel Innerarity. Más allá de esas líneas y no sin dificultad, veríamos que ahí siguen los de ayer y los de hoy —han pasado 100 años—, sumidos todos ellos en la gran contradicción de «…una España que se muere / y otra España que bosteza». Una España que sufría ayer y que, tras un breve periodo de alegría y creatividad, casi mágica, de una vida con mayor dignidad para los ciudadanos, vemos hoy, en estos momentos, como sin ningún pudor, se «desbroza» el Estado de bienestar dejándolo en pura ropa interior, y se nos exige, a los ciudadanos, de nuevo, ¡una vez más!, una cultura de la ignorancia. Así, más o menos, nos expresábamos aquel día los miembros de la Comisión, cuando, uno de los presentes, vino a sacarnos del atasco y propuso que, supuesto era del «Homenaje a Azorín en Aranjuez » de lo que trataba la celebración del Centenario, deberíamos en esta ocasión, hablar de Azorín y del Aranjuez de aquellos tiempos, con especial relevancia del Aranjuez de 1913, al que le pasó absolutamente desapercibido la presencia de aquella pléyade de intelectuales y artistas homenajeando a uno de ellos en el jardín de la Isla.

Por supuesto que aquel Aranjuez, comparado con el Aranjuez de hoy, no solo no se parece del todo en el paisaje, ¡qué duda cabe!, este ha cambiado, especialmente el río y sus asuntos, y el Hotel Pastor, a la vista está, hoy es el Colegio de la Sagrada Familia. Pero tampoco se parece el paisanaje, también hemos cambiado los ciudadanos y, posiblemente, sea éste el gran tema de nuestra tertulia recurrente. Porque ese cambio es el que nos permite y tal vez exige, un diálogo sereno. No obstante, para establecer un hilo conductor del ayer con el presente. Qué son 100 años desde aquel suceso, o 35 de nuestra reciente democracia, si lo comparamos con aquellos tiempos, más de 800 años, en que el Maestre de Santiago, en el nombre de su Orden, aceptó el regalo de este magnífico valle al que hoy llamamos Aranjuez, excelente regalo que les dio el monarca castellano, Alfonso VIII[1], en 1171 según comenta Álvarez de Quindós y ratifica Cándido López y Malta[2] o, según otras fuentes[3], la donación pudo producirse en 1139, por Alfonso VII. En todo caso son donaciones que se hacen las Órdenes Religiosas por los servicios prestados o por prestar guerreando, hasta que, en llegado el momento, Isabel la Católica propusiera a su esposo, el rey Don Fernando, como gran Maestre de Santiago[4].

El Castillo de Aurelia (Oreja) desde La Veguilla (fotografía CFB)

El Castillo de Aurelia (Oreja) desde La Veguilla (fotografía CFB)

«La inanición va minando, poco a poco, las generaciones de labriegos. Como con una hoz, son segadas las vidas por la tuberculosis. En las míseras casillas de los pueblos donde estos hombres viven, no hay lumbre ni pan; los hijos de estos hombres no tienen escuelas donde aprender los rudimentos de la instrucción. Al igual que en el siglo XVII, cuando los moriscos fueron expulsados de España, estos labriegos, con sus mujeres, con sus niños, pálidos, extenuados, cubiertos de andrajos, peregrinan en bandadas por los caminos en busca del lejano mar: el lejano mar por el que han de caminar a morir lejos de esta tierra por la que penaron». Así se expresaba José Martínez Ruiz, «Azorín», en la glorieta de la fuente del Niño de la Espina —el Espinario o las Arpías—, del Jardín de la Isla, en Aranjuez, en la tarde del 23 de noviembre de 1913, con el discurso que pronunció en agradecimiento al homenaje que un nutrido grupo de intelectuales le ofrecieron en la llamada Fiesta de Aranjuez. Hoy, si estuviera entre nosotros, ¡no lo dudo!, hablaría de alambradas y de pateras.

No es solo la literatura la que puede o no asomarse a la modernidad, lo es también el sufrimiento de los hombres. Y es aquí donde quiero yo encontrar el nexo entre la fiesta de ayer en homenaje a Azorín y la conmemoración del centenario de aquella efemérides. En un hermoso libro que lleva por título el Dolor, Marguerite Duras lanzaba la siguiente acusación al finalizar la segunda Guerra Mundial: «El tres de abril De Gaulle dijo esta frase criminal: “Los días del llanto pertenecen al pasado. Los días de la gloria han vuelto”. […] De Gaulle no habla de los campos de concentración, es extraordinario ver hasta qué punto no habla de ellos, hasta que punto muestra una clarísima aversión a integrar el dolor del pueblo en la victoria, y todo por temor a desvalorizar su propio papel. […] De Gaulle ha decretado luto nacional por la muerte Roosevelt. Hay que tratar a América con tiento. Francia llevará luto por Roosevelt. El luto por el pueblo no se lleva»[5]

En 1913, cuando Azorín recibe el Homenaje en Aranjuez, nuestra ciudad era y funcionaba como un pueblo manchego, tenía aproximadamente 10.000 habitantes. España era un país atrasado y convulso. La miseria en sus pueblos no tiene límites, hasta hace menos de cincuenta años en la mayoría de las casas de Aranjuez no había agua corriente. En las bellísimas corralas del «casco antiguo» había que compartir los retretes, habitualmente uno para todos los vecinos. Tal vez por cosas así, uno de los más renombrados logros de la democracia en los pueblos de Castilla La Mancha fue la instalación de alcantarillado y la puesta en las casas de agua corriente y retretes.

Sí, es cierto, el sufrimiento humano tiene tratamientos muy diversos en política y en economía y, lamentablemente, también en filosofía y estética e incluso los historiadores no suelen detenerse mucho en este tipo de consideraciones. Solo quiero dejar un apunte sobre la cuestión: hace cien años las gentes sufrían en Aranjuez y en España y, por supuesto, en el mundo y ahora también sufren o sufrimos. Es verdad que no hay guerra en Europa, ni en España, ¡claro está!. Pero es tan extenso el olor a la pólvora y el tufo a la muerte que barre el mundo, que apenas si se nota que han pasado 100 años de aquel día en el que Azorín decía en el jardín de la Isla: «¿Dónde está España? ¿Dónde está la fortaleza de España? Los países no son fuertes ni por sus ejércitos ni por sus acorazados. No sirven de nada ejércitos y acorazados cuando millares y millares de campesinos perecen en la miseria y la inanición. La fortaleza es una resultante del bienestar y de la justicia sociales».[6]

Como diría Adela Cortina, hay que ganar músculo ético, he ahí un necesario supuesto, hoy como ayer, para superar todas las crisis creadas por el hombre contra el hombre.

El Rana Verde, visto desde el jardín de la Isla (fotografía de CFB)

El Rana Verde, visto desde el jardín de la Isla (fotografía de CFB)

[1] Álvarez de Quindós.- Descripción histórica del Bosque y Casa de Aranjuez. Primera parte, Cap. IX, pág. (55)

[2] Cándido López y Malta.- Historia descriptiva de Aranjuez. (Capítulo VIII pg. 45). Doce Calles / Aranjuez, 1988

[3] Teodoro L Díez Carnero. Aranjuez. Un museo en la calle. Introducción (pág. 12). Ediciones Marañón / Aranjuez, 2011

[4] Álvarez de Quindós.- Descripción histórica del Bosque y Casa de Aranjuez. Segunda parte, Cap. I, pág. (74)

[5] Marguerite Duras. El dolor. Plaza y Janes, Barcelona, 1985, pp. 41-43 (Cita de Antonio Madrid en el artículo titulado La cultura contemporánea del sufrimiento, publicado en la revista El Vuelo de Ícaro [nº 2-3, 2002]

[6] Francisco José Martín.- Fiesta de Aranjuez en honor de Azorín.- Discurso de Azorín. Biblioteca Nueva / Madrid, 2005

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En el bosque 3

Cecilio Fernández Bustos      

El ocio es el padre de todos los vicios y el premio a todas las virtudes.

Franz Kafka

     

Alborada 3

32)    Tú, que ya has madurado, tal vez recuerdes algunas de las cosas que sucedieron en los años sesenta del siglo pasado. Acaso estarás de acuerdo conmigo: de aquellos tiempos, sublimes y modernos, emergen intensas nostalgias.

33)    Aún andan sueltos los gallinazos que se comieron al patriarca del otoño de García Márquez. Sus afilados picos siguen distribuyendo por el mundo el pavor y el olor de la muerte.

34)    Para poder gritar hay que ser libres. Sí, hay que gritar por la responsabilidad y la libertad y los derechos. Cuando eran pequeños les dije a mis hijos: «Aprender a respetar y a ser libres y responsables, lo demás se os dará por añadidura».

35)    ¿Pero es posible lo que se cuenta? Sí, es cierto, todavía se sigue comerciando con los seres humanos y con el agua y con los derechos. Dicen que esto o algo parecido lo dijo García Márquez: «Si la mierda cotizara en los mercados de futuros los pobres nacerían sin culo».

36)    ¿Qué me van a empobrecer?, ¡no pueden!, yo soy pobre.

37)    La cultura, como las religiones y la política, está llenas de grandes y pequeños cismas —un barquito, un capitan—. ¡Qué pena, con la importancia que le damos!

38)    No obstante, si lo consideran necesario acabaron creando fábricas para producir almas.

39)    No es una cuestión de inferioridad, el lagarto que devora al hombres es un hombre disfrazado de lagarto.

40)    El hombre y su barbarie se asoman a la noche y se confunden en su negrura.

41)    ¡Cuánto saber, cuánta pasión, cuánto arte permanece oculto! Abrir ya las compuertas: ¡hágase la luz!

42)    La carne, sosegada, a la caída de la tarde, percibe levísimas torturas.

43)    El sabor a jazmines de tu boca mantiene la vigilia del recuerdo.

44)    Aún esperas a una abeja voraz que te fecunde.

45)    Los ríos son de todos, tuyos y míos y también de aquel, de aquellos. No se pueden inmolar al servicio de unos pocos. Los ríos deben correr en libertad por sus cauces y regar sus cuencas. Los ríos no son objetos de inventario. Si los ríos se secan, ¡ay!, si los ríos se secan se acabó la vida, también la tuya.

46)    El hombre es esa máquina que debe el tiempo al tiempo y que acaba siendo engullido por éste.

47)    De nuevo nos encontramos ante un enigma: compenetrarse con la vida y seguir vivo.

También fecundan los abejorros (fotografía CFB)

También fecundan los abejorros (fotografía CFB)

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Ricardo de Lózar: Exposición en Madrid

Cecilio Fernández Bustos  

A todos los amigos del CRAC

   

BOSQUE

CRUZAS por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza un silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.

Ángel González (De, Aspero mundo, 1956)

 

Cuando volvió a Aranjuez, tras ausencia de más de veinte años, una de las primeras intervenciones culturales en las que participó el autor de esta reflexión fue la de presentar una exposición de Ricardo de Lózar en un local de un centro de educación. Ha buscado entre sus numerosos papeles, con la ambición de encontrar la nota que le sirvió de apoyo para las palabras  que pronuncio en aquella ocasión. No dudaba de poder encontrarla en alguna de las numerosas carpetas que almacena y que le han ido acompañando —al tiempo que aumentaban en número y tamaño—, de casa en casa, durante sus numerosos traslados de vivienda —cuatro en Madrid y cinco en Aranjuez, incluyendo la casa de sus padres que dejó definitivamente en 1965, cuando se casó— Ni que decir tiene que aquella presentación estableció un vinculo entre la obra de Lózar y nuestro amigo, por esta misma razón quedo algo contrariado por no haber sabido de la exposición que el pintor hizo en Aranjuez en 2012, en la sala del Centro Cultural de INDRA, en la calle Capitán de Aranjuez.

         Ricardo de Lózar nació en Salamanca en 1954, vive y labora en Aranjuez desde hace muchos años. Profesor de arte en el Instituto que los italianos padres Somascos tienen en Aranjuez y donde han recibido formación de alta cualificación infinidad de ciudadanos ribereños. «Primer premio Diputación de Madrid, 1971. Primer Premio Villa de Madridejos, 1981. Primer Premio “25 Concurso de Artes Plásticas”, Getafe, 1980». Fundador con otros del CRAC (Colectivo Ribereño de Acción Cultural), vive del arte y para el arte, pero no como creador, sino como profesor. Pese a ello Ricardo es un artista vocacional y rotundo capaz de superar todas aquellas contradicciones que atenazan a los creadores más entregados, los que, como dice Ángel González, «…lanza su silbido / largo al otro lado del paisaje».

El Bosque mágico de Oma

El Bosque mágico de Oma

         El autor de este texto ha encontrado aquel papel que buscaba, lo que dijo en abril de 1986 en la inauguración de aquella exposición y lo  incorpora hoy, después de 28 años, a esta nueva mirada: «Cuando, como en esta ocasión, nos reunimos en torno a un artista para contemplar su obra, su trabajo más reciente, su último y más cercano esfuerzo para formular su mundo expresivo. Cuando esto sucede, no podemos evitar sustraernos al comentario que, a modo de provocación, nos transmite la emoción de esta contemplación y, como niños poblados de ingenuidad, buscamos la palabra precisa que ponga nombre al nuevo objeto descubierto. De esta forma, ajustando la emoción y el sentimiento a la palabra descubierta —o quizá ignorada—, incorporamos ésta a nuestro acervo cultural, a nuestro entorno verbal trasmutando su esencia en una especie de rito desacralizado o, tal vez, no estoy seguro, en rito sacralizado».

         En la contemplación de la obra de Ricardo de Lózar habrá siempre una silla prendida de una tela que nos invita a sentarnos. Y nos ofrece su asiento y su respaldo, clásica silla baja de nuestra madre cosiendo, para escuchar el poema que una lectora o un lector atrevido, ¡quién lo duda! —silla puesta—, nos diga el poema de su esencialidad plástica, transitando por los mundos de la creación de nuestro artista como objeto real en el pulso soñado de toda irrealidad.

Bosque mágico de Oma

Bosque mágico de Oma

         Los cuadros de esta exposición han provocado un hueco en la sensibilidad que quien esto escribe. Y es que lo que en el artista ha trascendido de la cotidianidad, lo circundante en él y en ti, se ha plasmado en honda expresión poética. Sí, Ricardo de Lózar, con las formas y colores de este bosque de Oma que nos ofrece como celebración de la obra de Agustín Ibarrola. Con su reflexión plástica Ricardo, como Ángel González con las palabras, nos ha llevado hasta ese bosque, habitado y habitante, donde «El mundo cambia de color: es como el eco / del mundo. Eco distante / que tú estremeces, traspasando / las últimas fronteras de la tarde». Y es aquí donde ante nuestra contemplación arde un imaginario plástico en el que emerge un sueño sin tinieblas y la bondad plástica, el arte, se hace sustancia de lo humano trasmutado en colores y formas con el brillo surrealista de la transparencia de los sueños. Y terminaba el autor de esta reflexión como terminaba aquella intervención en la que todos éramos más jóvenes y más receptores de la lluvia de abril y el sol de mayo: «Pintar para el pintor, como componer un poema para el poeta o una sinfonía para el músico, es algo más profundo y sentido que cualquier otra manifestación humana en ese elemental y cotidiano existir. Y es que crear es la gran pasión, acaso el gran dolor, para el artista».

Aranjuez, 26 de abril de 1986

Aranjuez 30 de mayo de 2014

 

Bosque encantado de Oma

Bosque encantado de Oma

 

 

 

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Recuerdo de una exposición de pintura

Cecilio Fernández Bustos

 

 

Un hombre sin doctrinas se parece más a un hombre.

Gao Xingjian

 

 

dormida está la mente en el recodo del grito en las trincheras del miedo se dilata se expande a la busca de un ojo contemplativo de un cerebro lúcido que ahonde en sus misterios que busque el verbo plástico de tu grito de tu palabra hecha color todo lo que rodea la armonía de tu delirio se sumerge en la expresión viva tenaz cálida —sobre los sueños— la realidad táctil de mis dedos recorriendo la piel azul de tu pintura buscando encontrando la belleza —ya hecha historia— más allá de tus ojos inventando engendrando alumbrando la dulce y dramática melodía del arte que de pronto se deja aprisionar en los delgados hilos de la muerte que te nace en tus figuras donde el amor se hace poesía y el tiempo se deja asesinar por el placer de contemplar tu melodía


El jardín de los Pavos Reales.- Cecilio F. Gil, 2009

El jardín de los Pavos Reales.- Cecilio F. Gil, 2009

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